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Irán, el escenario en el que EEUU
se juega su pretensión
de hegemonía

por Ignacio Martín Ruiz

El nuevo ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán reabre uno de los focos
más peligrosos de la geopolítica global. Entre el proyecto expansionista israelí,
el declive relativo de la hegemonía estadounidense y la creciente influencia
de China y los BRICS, Medio Oriente se convierte en un escenario clave de
disputa por el orden mundial.


Por Mg. Ignacio Martín Ruiz
5 de Marzo, 2026

El 28 de febrero de 2026, el mundo fue testigo de un nuevo capítulo en el largo historial de conflictividad en Medio Oriente: Estados Unidos (EE.UU.) e Israel iniciaron un nuevo ataque contra Irán mientras los tres actores negociaban para alcanzar un acuerdo de seguridad que velara por las respectivas preocupaciones de cada uno. Las consecuencias de este ataque pueden resultar imprevisibles, puesto que es el segundo ataque de este tipo contra el país persa tras la agresión de junio de 2025. Con este nuevo embate, ¿qué otra cosa podrían pretender si no acaso un cambio de régimen, o bien un cambio de liderazgos hacia unos más proclives a la negociación entreguista hacia Occidente? Netanyahu —mandatario israelí— afirma desde hace décadas que Israel se opone a que Irán desarrolle armas nucleares, justificativo del ataque preventivo israelí. El liderazgo iraní ya había dejado en claro que un nuevo ataque de este tipo constituiría una amenaza de vida o muerte para su nación, y, a pesar de haber sufrido el fuerte impacto del asesinato del Ayatollah Khamenei, así como de decenas de altos mandos de las diferentes armas de sus Fuerzas Armadas, se mantienen firmes en luchar hasta el final.  

Ante tal escenario de intransigencia, el mundo entero pende en vilo: no solo por las posibilidades de que el escenario bélico se propague a Estados limítrofes —debemos contemplar también el enfrentamiento militar que se está dando en simultáneo entre Afganistán y Pakistán—, sino también por el efecto dominó que la prolongación del conflicto podría tener sobre la economía mundial, al verse afectados Estados petroleros y el Estrecho de Ormuz (por donde pasa el 21% de la producción de crudo mundial). Para comprender las causas estructurales de este conflicto, los factores que analizaremos son los siguientes: 1) el proyecto del Gran Israel; 2) el declive relativo de la hegemonía estadounidense en el mundo; y 3) la creciente influencia de China y los BRICS en los países árabes.

El Gran Israel: el destino manifiesto del sionismo

Una de las causas profundas que cimenta el conflicto prolongado —activo o inactivo— entre Irán e Israel es el escollo que representa el régimen iraní para las aspiraciones de expansionismo territorial sionista. El sionismo emergió durante el siglo XIX como un movimiento que procuraba el establecimiento de un Estado judío independiente que garantizara la libertad y seguridad de todos los judíos. Tras la Segunda Guerra Mundial, la ONU aprobó que la creación de este Estado tuviera lugar en Palestina, entonces bajo control colonial británico. La tierra en la que se estableció el Estado de Israel no se ajustaba precisamente a aquella “tierra prometida” que se menciona en los textos bíblicos, dado que allí se habla de una extensión que va desde el río de Egipto hasta el Éufrates. Este sería el territorio efectivo del proyecto del “Gran Israel” (mapa 1). Su realización territorial efectiva es el sueño máximo del sionismo de Netanyahu. Sin embargo, Irán es una potencia militar que tiene capacidad de réplica y daño, como se ha visto. De acuerdo con informes de inteligencia, el país persa tiene el inventario de misiles balísticos más amplio de Medio Oriente. Durante la confrontación de 2025, se estimó que Israel gastó unos 200 millones de dólares por día con la finalidad de interceptar la andanada de misiles iraníes. De esta manera, algunos analistas coinciden en que Israel no puede enfrentar solo a Irán de manera sostenida en el tiempo, y por ello acude a la ayuda de EE.UU. y de países europeos imperialistas como Francia, Gran Bretaña y Alemania.

Mapa 1. Fuente: https://www.descifrandolaguerra.es/mapa-del-gran-israel-las-aspiraciones-expansionistas-del-sionismo/

La frutilla del postre es si acaso Irán está desarrollando armas nucleares. Se sabe que ya han enriquecido uranio al 60% y que, desde allí, el enriquecimiento al 90% necesario para las armas nucleares no presenta un gran desafío técnico. Para John Mearsheimer —politólogo estadounidense—, un Irán armado nuclearmente daría estabilidad a la región de Medio Oriente, ya que contribuiría a apaciguar los movimientos belicistas de los sionistas radicales que gobiernan hoy en Israel. Con todo, el proyecto del Gran Israel encuentra numerosas dificultades ante un régimen iraní no-nuclear, y no podría existir si Irán logra desarrollar armas nucleares. Eliminar esta piedra en el camino permitiría dar rienda suelta al expansionismo del sionismo radical. Para EE.UU., apoyar este camino es conveniente porque le permite reforzar su posición como árbitro y líder mundial en un momento en que su legitimidad se ha visto gravemente erosionada. 

Una hegemonía en declive: un Estados Unidos dispuesto a todo

El declive de la hegemonía de EE.UU. está más allá de toda duda razonable como consecuencia de su hipocresía respecto de las normas internacionales que el mismo liderazgo estadounidense había contribuido a edificar. Esta situación se ha acentuado con la consolidación de China como potencia mundial, y por la emergencia de las voces de países del Sur Global que claman por una relacionalidad internacional que exceda la lógica de explotación y dominio característica de la modernidad eurocéntrica que cubrieron los últimos dos siglos y medio de historia humana. Sin embargo, queda claro que EE.UU. no está dispuesto a aceptar una arquitectura mundial que no lo tenga como líder indiscutido, y, por eso, resiste y contraataca. En su segundo mandato, Trump aplica la “diplomacia del matón”, o bien, la “diplomacia del garrote”. Trump destrata, amenaza, y agrede a otros actores si no consigue lo que quiere. Es el niño que se lleva la pelota de fútbol cuando el partido no va como quiere. Hasta ahora, había una cierta duda razonable acerca de si estaría dispuesto a todo. La respuesta actual es: parece que sí. Y no es algo menor, puesto que EE.UU. continúa siendo la primera potencia mundial en términos de PBI absoluto, así como también en capacidades militares. 

Hay una gran porción de juego psicológico en todo esto. Es como el juego de la gallina. Trump diría: “¿Están dispuestos a chocar de frente y sin piedad? Porque
yo sí”
. Este mensaje es dirigido a los países latinoamericanos en condición de “patio trasero”, al Sur Global que plantea reformas al sistema, y muy especialmente a los BRICS porque implican una competencia estratégica para la hegemonía estadounidense. Entre estos actores, China se lleva todas las miradas. El mensaje es simple: respetan la continuada existencia del liderazgo matón de EE.UU.,
o serán sometidos bajo su garrote
. Sea mediante sanciones comerciales o mediante la agresión militar directa, EE.UU. quiere disciplinar al mundo. Sacar a Irán del tablero y empoderar a Israel en un Medio Oriente abandonado a su suerte le permitiría a EE.UU. fortalecer su mano de negociación con los restantes regímenes árabes, los cuales durante el último tiempo se habían acercado, quizá demasiado para el gusto estadounidense, a BRICS y China.

Un Medio Oriente volcado hacia el Sur Global  

El 1 de enero de 2024, cuatro países se incorporaron a los BRICS como miembros plenos: Egipto, Etiopía, Irán, y Emiratos Árabes Unidos (Argentina recibió invitación pero Milei la rechazó). Arabia Saudita también fue invitada, pero postergó su adhesión oficial al bloque. En 2025, Indonesia se unió como miembro pleno.
Todos estos países son estratégicos para el establecimiento de corredores económicos para los BRICS. Además de los miembros plenos, hay diez Estados asociados confirmados: Bolivia, Bielorrusia, Cuba, Kazajistán, Malasia, Nigeria, Tailandia, Uganda, Uzbekistán, y Vietnam. En conjunto, los países BRICS tienen un 43.93% del PBI mundial, el 55.61% de la población mundial, y aproximadamente un tercio del territorio mundial. Además, BRICS impulsa instituciones multilaterales distintas —aunque no antagónicas— al Banco Mundial, el FMI, o la OCDE, como el Nuevo Banco de Desarrollo y el Acuerdo de Reservas de Contingencia. Tal como puede observarse en el mapa 2, este espacio representa una enorme amenaza para la hegemonía estadounidense y su control sobre las rutas comerciales.

Mapa 2. Fuente: https://geopoliticaleconomy.com/2025/07/04/brics-expansion-population-gdp-vietnam/

Entre los países BRICS, China es vista como rival sistémico y competencia estratégica de los países del Atlántico Norte. Representa alrededor del 70% del PBI del conjunto de miembros; estableció diferentes instituciones multilaterales como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura y la Asociación Económica Integral Regional; llama a comerciar en monedas locales —incluso con Arabia Saudita, marcando el fin del petrodólar desde 1973—; medió exitosamente entre Arabia Saudita e Irán para el restablecimiento de sus relaciones diplomáticas y por la reincorporación de Siria a la Liga Árabe; y, mediante la Iniciativa de la Franja y
la Ruta (IFR) —su arquitectura de comercio mundial—, impulsa el “Corredor Económico China-Asia Central y Occidental” (Mapa 3) y el “Corredor Económico China-Pakistán” (Mapa 4). Por su parte, otros miembros BRICS que impulsan corredores logísticos son Rusia e India con el “Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur” (Mapa 5). Estos corredores logísticos atraviesan Afganistán, Pakistán, e Irán, países todos con —casualmente— conflictos militares abiertos. La conexión hacia el oeste que procura China es una forma de garantizar un salvoconducto comercial en caso de que EEUU empujara a un conflicto en la isla de Taiwán, puesto que dicho potencial inhabilitaría la salida marítima de China hacia el Estrecho
de Malaca.  

En la geopolítica nada es casualidad. El ataque constante de EEUU e Israel a Irán también se enmarca en una estrategia por debilitar a los socios estratégicos de los BRICS y de China, así como también a los proyectos e inversiones realizadas por China en los diferentes corredores de la IFR. Además, no hay que perder de vista que Xi Jinping y Trump se encontrarán de manera bilateral en cuatro semanas
—falta confirmación oficial de la fecha exacta pero todo indica que será a fines de marzo—, justo el tiempo que el mandatario estadounidense había afirmado que duraría la operación en Irán. No hay casualidades.

Mapa 3. Fuente: https://www.uned.ac.cr/ocex/index.php?view=article&id=739:capsula-6-2022-la-nueva-ruta-de-la-seda&catid=124

Mapa 4. Fuente: https://www.uned.ac.cr/ocex/index.php?view=article&id=739:capsula-6-2022-la-nueva-ruta-de-la-seda&catid=124

 Mapa 5. Fuente: https://elcomun.es/2023/06/20/corredor-internacional-de-transporte-norte-sur/ 

De esta manera, se entrelazan tres tendencias que encienden la llama perfecta para que Israel y EE.UU. vayan por todo en Irán: el agresivo proyecto del Gran Israel, el sostenimiento de una hegemonía ficticia por parte de EE.UU., y la búsqueda de debilitar a China y los BRICS. En conjunto, configuran una tríada que nos aproxima a dimensiones de conflicto que exceden la mera región. Como afirma el analista internacional argentino Gabriel Merino, este conflicto ya está en curso y es una “Guerra Mundial Híbrida” que se expresa en diferentes campos de acción.
Las acciones cada vez más arriesgadas de EE.UU. lo muestran dispuesto a todo,
pero también se revela su desesperación. En el 2026 habrá elecciones domésticas en dicho país, y por el momento las encuestas de percepción de imagen no son favorables para Trump. Nada puede descartar que quiera llevar adelante el
“Camino Bibi”, es decir, anular las elecciones aduciendo amenazas existenciales a su nación. Pero solo pueden ser conjeturas que el tiempo dirá si son descabelladas, o no. En la actualidad, pareciera que todo es posible.

Mg. Ignacio Martín Ruiz
Instituto de Investigaciones “Gino Germani”, Facultad de Ciencias Sociales (UBA)
Centro de Estudios Argentina-China, Facultad de Ciencias Sociales (UBA)


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