EL ARMA LETAL DE IRÁN:
el Estrecho de Ormuz
por Christian Ferreira
Décadas de conflicto, tensiones nucleares, bombardeos, destrucciones y muertes marcan la relación entre Israel e Irán. La comunidad internacional está desconcertada por el peligro inminente que supone una escalada bélica en la región del Golfo Pérsico. Una guerra sin precedentes parece configurar un nuevo foco de conflicto, marcado por la estrategia de Irán y la respuesta de Estados Unidos.
Opinión - Por Christian Ferreira
2 de marzo, 2026
Sábado 28 de febrero. Se respira un aire incierto y tenso. En medios de comunicación y redes sociales comenzaron a circular rumores sobre la posible muerte del líder supremo de la República Islámica de Irán, Ali Jamenei, el Ayatolá iraní que gobernó al país durante más de tres décadas.
En una operación conjunta con Estados Unidos, Israel perpetró un ataque en el corazón de Teherán, que tenía por objetivo poner fin a la vida del mandatario del régimen teocrático, eliminar a altos mandos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y al programa nuclear. Posteriormente, en un mensaje contundente, el Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu salió a confirmar la muerte de Jamanei y destacó el liderazgo histórico de su aliado, el Presidente Donald Trump, asegurando que esta cooperación ha llevado la alianza entre ambas naciones a un máximo histórico.
Horas más tarde, las fuerzas iraníes respondieron lanzando misiles y drones contra bases estadounidenses en Arabia Saudita, Israel, los Emiratos Árabes, Qatar, Kuwait y Bahréin, lo que intensificó la escalada de tensión en la región. La Casa Blanca confirmó la muerte de al menos tres soldados estadounidenses y cinco que están en estado crítico, gravemente heridos. Trump afirmó que 48 líderes iraníes murieron en los ataques y que destruyeron el cuartel general naval de Irán, además, del hundimiento de nueve barcos de la marina iraní.
La respuesta de Irán fue inminente: “La operación ofensiva más feroz de la historia de las fuerzas armadas de la República Islámica de Irán comenzará en cualquier momento”, en referencia a posibles represalias contra Washington, Israel y los países del Golfo Pérsico. Horas más tarde, Trump, en respuesta a los dichos iraníes, se expresó en su plataforma Truth Social y, dejo entre líneas su amenaza: "Irán acaba de declarar que hoy va a atacar muy fuerte, más fuerte que nunca. ¡PERO MEJOR QUE NO LO HAGAN, PORQUE SI LO HACEN, LOS ATACAREMOS CON UNA FUERZA NUNCA ANTES VISTA!".
Tras la escalada durante la noche, en la mañana del domingo, Trump afirmo que los bombardeos pertenecientes a las tropas estadounidenses continuaran “mientras sea necesario” y sostuvo que el asesinato del líder supremo representa para el pueblo “su mayor oportunidad” de tomar el poder del régimen actual, una postura que tanto Trump como Netanyahu destacaron en sus declaraciones.
Finalmente el domingo por la noche, las fuerzas iraníes tomaron represalias y bombardearon las ciudades de Tel Aviv y Jerusalén. Varios misiles lograron penetrar las defensas israelíes, impactando en zonas residenciales, provocando múltiples destrozos, víctimas fatales y decenas de heridos entre la población civil.
Sin embargo, el conflicto no se disputa únicamente en el campo de batalla. Se juega, sobre todo, en un estrecho de apenas unos kilómetros que conecta al mundo con el petróleo que se extrae principalmente de Irán, Irak, Kuwait, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos.
El Estrecho de Ormuz es un cuello de botella marítimo estratégico con un área de 42 kilómetros, que conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el mar Arábigo. Situado entre Irán, al norte, y el enclave omaní de Musandam, al sur, es la principal vía de salida al océano para comerciar el petróleo y el gas natural licuado del Golfo. Por allí transita cerca del 20% del crudo mundial, lo que representa unos 20 millones de barriles de petróleo diarios.
Tras los ataques, la Guardia Revolucionaria iraní cerró el estrecho, marcando un punto álgido de tensión, ya no sólo para la región, sino también para el mundo, debido a las profundas repercusiones económicas que implica la interrupción de la principal ruta del petróleo global. La entidad financiera JPMorgan adelantó uno de los posibles escenarios como consecuencia: un incremento del precio del petróleo que podría llegar a 120 dólares por barril, precio que hasta ahora giraba en torno a los 74 dólares. En la mañana del lunes 2 de marzo, ya se registró un incremento del 10% en el precio de los combustibles. Este escenario tendrá efectos negativos a escala global debido al estrangulamiento energético que provocaría sobre las economías y los consumidores.
Lo que para el mandatario norteamericano y su homólogo israelí representa una “oportunidad única e histórica” para el pueblo persa, podría suscitar repercusiones en todo el mundo. Un aumento significativo del precio del crudo, se traduce en un aumento generalizado en los precios de la energía y, con ello, arrastra la suba en los precios de bienes y servicios afines al sector.
En este contexto, debido a su debilidad relativa y su inferioridad militar convencional, Irán sabe que no puede sostener una guerra de igual a igual frente a EE.UU y sus aliados. Su vulnerabilidad estructural, lejos de ser un obstáculo, puede convertirse en su principal activo estratégico: su ventaja no reside en la superioridad militar, sino en la capacidad de transformar un enfrentamiento regional en una crisis de alcance global.
El control sobre Ormuz, golpea a Estados Unidos en su talón de Aquiles: en la estabilidad del comercio y la economía global. Si el conflicto se extendiera en el tiempo, como anticipa Trump, esa misma debilidad podría funcionar como un mecanismo para equilibrar amenazas estructuralmente superiores de sus contrincantes. En este escenario, la pregunta es inevitable ¿Puede Teherán forzar indirectamente a Washington a sentarse a negociar?
Christian Ferreira es Licenciado en Ciencia Política por la UBA, actualmente maestrando en Energía (UBA-CEARE) y le interesa el mercado energetico, la geopolítica y las dinámicas del poder. Le gusta escribir, viajar y sacar fotos.
Hincha de Boca.
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