ENDOMETRIOSIS: cuando el dolor de los cuerpos menstruantes no es agenda
por Sarai Avila
En el mes de la mujer y de la concientización sobre la endometriosis, una reflexión sobre una enfermedad que afecta a millones de personas y sigue siendo invisibilizada por la medicina, la política y la investigación.
Por Sarai Avila
14 de Marzo, 2026
Marzo es el mes internacional de la mujer y también el mes de concientización sobre la endometriosis, una enfermedad crónica que afecta aproximadamente a 2 de cada 10 mujeres, además de varones trans y personas no binarias que menstrúan. Sin embargo, muchas personas con útero no saben que la padecen. El dolor menstrual ha sido históricamente normalizado y minimizado, y la falta de información, investigación y diagnósticos oportunos hace que el promedio de años para identificarla oscile entre los 7 y los 15. Desde el lugar privilegiado que habito —porque pude consultar a los profesionales necesarios y sostener un tratamiento integral entre distintas disciplinas médicas— mi diagnóstico tardó 13 años.
La endometriosis no es solo una enfermedad del sistema reproductivo ni se limita al dolor menstrual que condiciona la vida cotidiana. Es una condición crónica que puede afectar al sistema inmunológico, digestivo y linfático, así como a distintos órganos, la salud mental, la sexualidad, la fertilidad y la forma en que una persona se relaciona con su propio cuerpo y con otrxs.
Sin embargo, el problema no es solo la enfermedad: es el silencio que muchas personas que menstrúan sostienen por el tabú que todavía rodea a la menstruación.
Los síntomas son amplios y variables. Algunas personas experimentan dolores incapacitantes que les impiden trabajar o estudiar, lo que genera pérdida de ingresos y presión económica. Otros son la dispareunia, infertilidad, migraña, intolerancias alimenticias, falta de libido, fatiga persistente y alteraciones gastrointestinales o urinarias. También puede pasar que las personas sean asintomáticas durante años. No existe una cura y no hay un tratamiento único: cada cuerpo responde de forma distinta y el proceso suele implicar años de prueba y error.
La falta de investigación también tiene causas estructurales. Durante décadas, la medicina minimizó el dolor menstrual, atribuyéndolo a factores psicológicos o considerándolo una parte “natural” de ser mujer. Ese sesgo de género retrasó diagnósticos y limitó el interés científico por una enfermedad que solo parecía relevante cuando afectaba a la fertilidad. A esto se suma la complejidad diagnóstica: la confirmación definitiva de la enfermedad suele requerir una cirugía. El resultado es una brecha evidente en la financiación y en la producción de conocimiento sobre la enfermedad.
Cuando finalmente llega el diagnóstico, muchxs pacientes se enfrentan a otra tensión: en la balanza de los tratamientos no solo pesa el control del dolor o del avance de la enfermedad, sino también la preservación del útero y los ovarios para la posibilidad de tener hijos. Como ocurre en tantos ámbitos, la salud de las mujeres y de otros cuerpos menstruantes sigue siendo pensada principalmente en relación con su capacidad reproductiva. De hecho, todavía hay profesionales que sugieren al embarazo como “tratamiento”, una recomendación basada en concepciones médicas desactualizadas.
En Argentina, la situación refleja esta falta de prioridad política. No existe una ley nacional única sobre endometriosis, aunque algunas provincias —como Buenos Aires o Salta— han sancionado normativas que garantizan el acceso al diagnóstico y al tratamiento integral. A nivel federal, distintos proyectos buscan declarar la enfermedad como crónica y crear un registro nacional, pero aún no han sido aprobados.
Sin políticas públicas claras, el acceso al diagnóstico y al tratamiento depende en gran medida del lugar donde se vive y los recursos económicos que unx posea.
Todo esto ocurre en un contexto en el que el Comité para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) expresó su preocupación por los retrocesos en políticas de género en Argentina desde fines de 2023. La reducción de programas vinculados a salud sexual y reproductiva, la Educación Sexual Integral o la prevención del embarazo adolescente impacta directamente en el acceso a la información y la atención sanitaria. Si el Estado se retira incluso de políticas básicas como la ESI, ¿cómo esperamos que las personas menstruantes puedan conocer y cuidar su propio cuerpo?
Hablar de endometriosis implica, necesariamente, incorporar una perspectiva de género en la medicina y en las políticas públicas. Significa exigir más investigación, mejor formación para profesionales de la salud y sistemas sanitarios que no reproduzcan prejuicios ni minimicen el dolor. Pero también implica algo más básico: reconocer que los cuerpos menstruantes tienen otros tiempos y que durante demasiado fueron ignorados por la medicina, la política y la investigación.
Sarai Avila es estudiante de último año de la Licenciatura en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires y redactora de periodismo de investigación. Le interesan las narrativas y los discursos que circulan en lo cotidiano, y la forma en que modelan hábitos, percepciones y comportamientos.
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