Saltear navegación

Una crónica sobre Luján 2025

El primer fin de semana de octubre tuvo lugar la peregrinación a pie a Luján. Esta festividad religiosa, que se realiza ininterrumpidamente desde el año 1975, es la más importante de su índole en Argentina en cuanto a su masividad, reuniendo a miles de devotos cada año. Ésta fue la primera luego de la muerte del Papa Francisco. Quizás no tan devoto pero igual de comprometido con la misión, fue que un integrante de Revista Desenfoque se lanzó a caminar, y nos cuenta de primera mano lo que pudo ver y percibir. 


Crónica - Por *Jeremías Fabiano
23 de Octubre de 2025

Soy ateo. Prometí caminar a Luján si ganábamos el (bendito) Mundial 2022. Años pasaron y siempre había excusas, siempre da paja. Resulta que hace dos semanas, medio de refilón escuché que se hacía la peregrinación. No dije nada, pero la idea quedó picando. Contacté a mi amiga y mi hermana, que habían prometido conmigo: no podían o no querían. Hacerlo solo... hmm. ¿Y a quién le importaba si no lo hacía? A nadie, pero me vine. Soy ateo pero las promesas me las tomo a pecho, y el ateo (el obse) no podía incumplir.

En la Argentina de hoy, en términos generales, cuesta encontrar razones para entusiasmarse. Lo poco que últimamente congrega masivamente es más bien la reprobación a medidas de gobierno regresivas y antipopulares. Y sin embargo una multitud se movilizaría para Luján, con cifras que hablan de entre 1 y 2 millones de personas este año, siendo una de las ediciones más numerosas. Porque, claro, donde no hay más de qué agarrarse, más uno se aferra a la fe: eso comentaban dos fieles atrás mío esperando el 57 para la (tortuosa) vuelta. Personalmente, en una época de desmotivación, donde nada vale nada y no hay mucho en qué creer, que anduve con pésima salud y realmente asustado, esto se tornaba aventurarme a un lindo desafío. Un recital, la cancha, una manifestación. El sentir colectivo me conmueve, me aloja y me da calidez. Soy ateo pero nunca insensible.

Sábado 4 de octubre fue, entonces, la 51º edición de la “Peregrinación Juvenil a Luján”. Algunos arrancan en el Congreso, otros optan por acortar camino empezando desde Moreno, pero la realidad es que el llamado “kilómetro cero” queda en el Santuario a San Cayetano (patrono del pan y del trabajo), en el barrio porteño de Liniers. Desde allí, son casi 60 kms, primero por Av. Rivadavia y luego por Ruta 7, hasta llegar a la Basílica de Nuestra Señora de Luján. Si bien hay quienes prefieren el inicio de la caminata a la madrugada o que la escultura “oficial” larga a las 10am, la mayoría comienza entre las 5 y las 9 de la mañana, a fin de no llegar allí ya entrado el día domingo. El objetivo es nada menos que el de pedir o agradecer a la Virgen.

La travesía es intensa, muy intensa. Hay quienes son más deportistas, entre los que me incluyo, como también quienes no se mueven asiduamente. La cosa es variopinta, las edades están todas, los cuerpos y las vivencias también. Los motivos y los anhelos, ni hablar. La realidad es que la gran distancia torna a la jornada súper exigente para absolutamente todos. “¿Qué hago acá?, ¿Para qué corno vine?”, mencionaba un padre que ofrecía un servicio religioso de largada dentro de la iglesia de Liniers, haciendo referencia a lo que se suelen meditar los caminantes pasada la mitad del trayecto. También hablaba de que el recorrido era una alegoría de la vida misma. Ateo, también algo ignorante de estas cuestiones, me gustó pero elegí no sentirme interpelado.

El ritmo es en todo momento decidido, firme. Claro que algunos son más veloces en su caminar que otros, pero nada de holgazanear, ya que la distancia es mucha y si no la llegada es para el año que viene. “¿Qué hago acá?, ¿Para qué corno vine?” pensé antes de llegar a Gral. Rodríguez, con ya más de 40km encima. Miraba a los costados y los rostros eran de felicidad. Cómo podés estar con esa cara, si ya cada paso es una tortura, si tus rodillas crujen y duelen. La fe los amparaba, un sentido de propósito más fuerte que cualquier racionalidad atea. Y entonces, yo, el ateo que se siente alojado en las masas, no podía claudicar. Me dio la impresión de que ellos estaban entendiendo algo que yo no, que sólo me podía ser revelado al continuar y ese halo de misterio me impulsaba a seguir. Si entendí o no, tampoco lo sé. En todo caso me parece que no se trata de entender y sí de ir sintiendo.

Esta vez tocó un día con un sol abrasador, de un calor agobiante para la época del año. Algún curtido hablaba de que era la ocasión que más difícil estaba para andar. Imperaba refrescarse seguido, bebiendo y volcándose agua sobre el propio cuerpo. Nadie nunca me pidió credencial de nada: vos estás acá y si estás convencido con eso basta y sos uno más de nosotros. Con esa mentalidad fue que durante más de doce horas de andar, me fueron facilitados litros y litros de agua, frutas, comidas y hasta un masaje, todo al costo de cero pesos. Todo otorgado con una sonrisa. Donde hay un gobierno que te dice que nada es gratis, que eso es innoble, miles se organizan desinteresadamente para que quienes están convencidos de ir, lo puedan hacer en las mejores condiciones, que tengan lo necesario para llegar sin comprometer (tanto) su salud. Porque el peregrino está decidido, y claro que no todos lo logran, porque, de nuevo, la exigencia es muy alta. Así, algunos cuerpos colapsan y les ponen freno a más de uno, quien seguramente buscará redimirse el año próximo.

Personas, algunas, organizadas desde sus parroquias con carros con figuras de la virgen como estandarte. Durante todo el trayecto, uno agradece cuando desde esos “focos” móviles hay parlantes con música que te empuja. Muchas veces es música religiosa. Otras nada que ver, como cuando un numeroso grupo de muchachos de mediana edad iba realmente agitando canciones de rock nacional (a veces introduciendo consignas católicas), evocando patentemente a una barra cuando ingresa a la tribuna o a los fanáticos de algún conjunto musical a la espera de las primeras estrofas. Solo que aquí la procesión era para ver a “nuestra Madre”, “la madre de todos”, la Virgen María. Esa es la misión que auspiciaba todo esto, cosa que escuché una y otra vez durante el día, desde partir hasta llegar. Yo, ateo, pero encima hijo de una psicoanalista, me ponía incómodo con esas alusiones.

Los últimos kilómetros son realmente arduos, y uno ya se halla quebrado en cuerpo y alma. En ese punto, a la entrada de Luján, en la propia ruta que era nuestro sendero, había una carpa en la que quien quisiera podía bautizarse en el momento. Yo estaba emocionado por la proeza de estar llegando y casi cedo ante la tentación, pero elegí dejar pasar la oportunidad.

Minutos después, “GRACIAS DIOS POR SALVAR A MI HIJA. 15/12/2024”, vi que rezaba la inscripción de un tipo. Entre tanta susceptibilidad a flor de piel, aguanté el llanto y me acerqué a consultar. Resulta que la pequeña había nacido muy prematuramente en esa fecha, con el reviente de un pulmón mediante y con la posibilidad cierta de no sobrevivir. “Yo no soy creyente, pero en esas situaciones uno se aferra a lo que puede”. Iba él a agradecer, porque luego de tres meses de batallar contra la muerte, la bebé hoy vive.

Ya dentro del amanzanado de la ciudad, aparecen varios puestos de venta feriales de souvenires religiosos, los cuales son considerablemente más baratos que los oficiales de la plaza, allí donde, majestuosa, se erige la Basílica. Para entrar, reina el caos y el tumulto. Al ingresar a la iglesia, también. El calor se tornaba asfixiante pero la felicidad de los llegados era rebosante, al punto que varios tenían bajas de presión y hasta desmayos, por el gran esfuerzo pero también por el componente espiritual de todo esto… Algunos oraban, otros no orábamos, pero seguro todos sacábamos alguna que otra foto.

Ya el tiempo venía descomponiéndose, y la tormenta era inminente. Entre las 12 y la 1 de la mañana comenzó el diluvio, cuando yo ya estaba camino a mi hogar. Pero fueron miles los que siguieron llegando, ahora empapados ya no por el personal de Aysa y sí por el cielo, de manera inclaudicable, hasta tierras lujanenses. El domingo a las 7 de la mañana tiene lugar siempre la misa central, a cargo del arzobispo de Buenos Aires, por lo que varias personas eligen pernoctar por allí o bien calcular la llegada para esas horas.

Con todo, es una experiencia muy movilizante, a la que en tan pocas líneas no le puedo terminar de hacer justicia. Es algo que sin lugar a dudas recomiendo hacer, aunque sea una vez en la vida. Ya que cada cual tiene que cargar su propia cruz, motivos, para pedir o para agradecer, nunca faltan. 

*Jeremías Fabiano es Licenciado en Geografía por la Universidad de Buenos Aires. Le interesan las dinámicas urbanas, la historia cultural y la apertura de lo científico. Muy esnob para la calle y muy coloquial para la academia. Ecléctico.

Notas relacionadas

09/08/2025 – Por Magdalena Negro, Opinion
Córdoba, entre la espada y las migajas

Entre la presión del ajuste y la defensa de su identidad, Córdoba ensaya una estrategia única: imitar el mileísmo sin entregarse a él. Llaryora intenta sostener el modelo cordobés con menos recursos, más urgencias y un electorado que pide autonomía. El resultado parece ser un laboratorio político que podría anticipar la disputa por el poder en el interior, más allá del AMBA.


LA DESMESURA NARCISISTA DEL PRESIDENTE

Narciso es una figura de la mitología griega, quien era tan hermoso que se terminó enamorando de su propia imagen reflejada en un estanque de agua. ¿Se puede pensar en la figura de “Narciso” en el poder?


11/07/2024 – Ensayo, Por Martina Zurita
¿POR QUÉ DESENFOQUE?

La fragmentación de la realidad y la polarización fomentadas por los medios erosionan la confianza pública. Cuales son los desafíos que enfrenta el periodismo?