LO ABSURDO, BIZARRO Y HERMOSO DE LA VIDA MÁS ALLÁ DE LA GENERAL PAZ
CÓMO MARCOS LÓPEZ CONVIERTE EL CONURBANO EN SUJETO ARTÍSTICO
por Romy Hügle
En su nuevo libro Walking the Conurban, Marcos López retrata con ironía, denuncia y gran amor la vida cotidiana del conurbano bonaerense. Esta nota analiza el contenido de la colección fotográfica, además de contemplarla como parte de un nuevo movimiento cultural que busca narrar el conurbano desde adentro.
Por Romy Hügle
8 de mayo, 2026
Tres bulldogs observan la lenta bajada del sol sobre el barrio desde el tejado de un búngalo. Una figura, en short y camisa blanca, extiende sus pies por la ventanilla abierta del tren, dormida. Y un señor mayor, tomándose una Quilmes, queda - en las palabras de Cortázar - estaqueado en la mitad del patio, mientras pasan autos y motos a su alrededor. Esas son las imágenes que acompañan un viaje por el universo conurbano, el llamado “paraíso apocalíptico a minutos del Obelisco”, cuyo lenguaje visual es tan contradictorio y diverso como el conurbano bonaerense mismo: tanto un paraíso como un apocalipsis, donde caballos pisan el asfalto gris y lo doméstico se acomoda en la calle.
Estas escenas domésticas y bizarras protagonizan The Walking Coburban, de Marcos López, una colección fotográfica que se publicó en forma de libro el 10 de abril de 2026. La colección se originó como una cuenta de Instagram que hoy en día tiene más de 542 mil seguidores y que se autodefine como un “archivo colectivo”. La colección conjunta fotos de la cotidianidad bonaerense sacadas por los propios habitantes, mayoritariamente con celular, en sus paseos por el barrio o en sus viajes al trabajo.
Libro "Conurbano Style" - The walking Conurban x Marco López
El resultado es un collage inmenso del conurbano visto desde adentro, completo con todos sus colores, fealdad y hermosura: la estación de Longchamps, los atardeceres de Temperley y los trenes del Sarmiento, entre miles de otras imágenes. Tal modelo de autorrepresentación colectiva y amateur es, sin lugar a duda, una novedad en el mundo de la fotografía, ahora dominado por iPhones y redes sociales, y tiene un significado particular respecto al conurbano que, según Pedro Saborido, “en general es narrado desde el centro”.
Pedro Saborido es un director de cine de Gerli, Avellaneda, y él plantea que: “Creo que recién ahora (el conurbano) está asumiendo su centralidad y no como derivado de la porteñidad”. En el artículo Arte, cultura y vida cotidiana el el Conurbano, la investigadora sociológica María Florencia Blanco Esmoris analiza la percepción del conurbano como “contrapunto a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”. Ella plantea que esa noción se debe en parte al “rápido y descontrolado crecimiento (...) de aquellas zonas que parecían alejarse del progreso económico y la expansión planificada”, lo cual colocó a la Capital, por el otro lado, como “el tipo ideal de desarrollo citadino al cual seguir”.
Fotograías tomadas del perfíl @thewalkingconurban
The Walking Conurban, entonces, es significativo por retratar el conurbano no solamente como comparación estética o moral con la Capital, sino como un sujeto artístico en su propio derecho.
Entonces, ¿qué nos cuenta la colección sobre la vida en el conurbano bonaerense? En las palabras de Saborido: “En el conurbano, las reglas de la estética o el comportamiento se aflojan un poco”. Las fotos se definen principalmente por su muestra de improvisación e ingeniosidad en la vida diaria conurbana, desde la peluquería improvisada en la vereda hasta la familia de tres que viaja toda junta en bicicleta. Las fotos son extravagantes, irónicas y profundamente humanas.
Además, en esa supuesta ausencia de reglas a la que se refiere Saborido, emerge otra forma de improvisación: normas inventadas por dueños de locales o vecinos, que personalizan sus barrios con anuncios. Abundan imágenes de papelitos pegados a las chapas de locales o de grafitis, que te gritan instrucciones como “Prohibido estacionar, hijos de puta” o “No aceptamos plata sacada de partes íntimas”. Uno de los mejores es de un misterioso Javier, que pone: “La próxima que estaciona en el patio peatonal te rompo el auto. Atte.: vecino. ¿Qué vecino? Tocame el timbre y lo charlamos. Javier”. Puede que sea justamente esta combinación de agresión y cercanía la que caracteriza al conurbano tanto como un apocalipsis como un paraíso, como es la frase de Marcos López.
Fotograías tomadas del perfíl @thewalkingconurban
Las fotos que sí son realmente apocalípticas son las del transporte público, el espacio que más define la separación entre la Capital y el resto de Buenos Aires. Los trenes y bondis son los escenarios en donde se realiza la odisea diaria para llegar al trabajo o a la facultad desde la Provincia, emblemáticos de la vida conurbana. Ahí también se ve ingenio e improvisación en los pequeños actos que convierten el transporte público en un ámbito doméstico: gente durmiendo, gente leyendo, gente almorzando, gente maquillándose, hasta gente que se lleva su propia silla para no pasar horas de pie en el pasillo.
Las fotos son humorísticas, pero también generan una pregunta cuasi existencial: ¿cómo podemos aprovechar nuestro tiempo en la tierra si pasamos casi un cuarto de nuestras vidas en el transporte público? Cuando pasamos tan poco tiempo en casa, ¿cómo creamos un espacio para el descanso o para el ocio en el camino?
Además, las condiciones del transporte público en Buenos Aires han empeorado dramáticamente en las últimas semanas, un cambio que ha tenido un impacto pronunciado en el conurbano. Debido a la suba del combustible, la frecuencia de servicios se ha reducido por un 30%, mientras el precio de los boletos se ha aumentado en un 4,5 %. Según la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo (ENUT, 2021), una persona del AMBA pierde más de medio mes por año solamente viajando. El resultado: filas enormes para entrar a colectivos y trenes, y, una vez que conseguís ingresar, una masificación de gente comparable al transporte de ganado. En este contexto, las imágenes de individuos intentando acomodarse lo más posible en trenes y colectivos adquieren un tono urgente, hasta existencial, y proveen un contraste necesario a la colección.
The Walking Conurban x Marcos López provee una mirada comprensiva e íntima de un mundo que, hasta ahora, se ha hablado poco y por los de afuera. Como proyecto, forma parte de un movimiento artístico que busca representar otra faceta de la argentinidad, narrada desde un adentro.
Sobre todo en la música, diferentes partes del conurbano se han posicionado como pequeños centros culturales: el RKT, por ejemplo, explotó durante la pandemia en San Martín y en Zona Sur, y el género sigue teniendo influencia en cómo y dónde se produce la música argentina actual. En su último lanzamiento, “VOY A DISPARARME”, Milo J colabora con el rapero Little Boogie, de Avellaneda, para contemplar la fama, el “talento villero” y la lucha para “bichos de ciudad” como ellos. En su verso, Little Boogie hace referencia al barrio de Milo J como nuevo centro de producción musical, diciendo: “Estoy en Morón, vine a grabar”. Se burlan de cómo diferentes partes del conurbano se han puesto de moda, en parte gracias a ellos: Milo J canta: “Las milipilis gritaban Morón en el show como si ellas hubieran nacido ahí”. En fin, The Walking Conurban puede considerarse dentro de un movimiento artístico de los años recientes que busca narrar otra realidad argentina: la mirada conurbana, cuyo público se vuelve cada vez más grande. Y en todas estas representaciones artísticas existe una complejidad de actitud y estética que va de la mano con la idea de un “paraíso apocalíptico”: un juego constante entre el odio y el amor, el orgullo y la dureza. Lo que es indudable es que las fotos de The Walking Conurban contienen, al igual que las letras del RKT o el hip hop conurbano, un profundo afecto por lo propio: como se ve en una de las fotos del libro, de un grafiti que susurra:: “Sos linda como las tardes de mi barrio.”
Romy Hügle es una estudiante de Letras de la UCA/Newcastle University. Le interesa escribir sobre la literatura, la música y la ciudad.
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