you seem pretty sad for a girl
so in love
por Tomás Ordoñez
Olivia Rodrigo vuelve con "You seem pretty sad for a girl so in love", un disco en el que arranca enamorada hasta las manos y termina en pleno duelo amoroso. Un repaso canción por canción de la nueva entrega de la popstar, para lxs que ya lo escucharon mil veces y para lxs que todavía no se animaron.
Por Tomás Ordoñez - Reseña
15 de junio, 2026
4 minutos de lectura
Los días previos a los lanzamientos de las pop girlies son jornadas de expectativa para todx adolescente o joven adultx que hace del pop una forma de habitar el mundo. Todxs pre-guardamos el álbum en nuestra biblioteca digital y muchxs gastamos cuantiosas sumas en vinilos que nunca aterrizarán en una bandeja. Luego, rebalsados de ansiedad, nos acurrucamos en la cama para, auriculares de por medio, esperar a que el reloj marque las 12 del día viernes y darle play a la grabación. Un ritual, que a distancia, desde la intimidad de la habitación propia, se vuelve colectivo.
El pasado viernes salió el nuevo disco de Olivia Rodrigo y la conversación de whatsapp entre quien escribe esta columna y su mejor amigo fue la siguiente:
- AMIGOooo, DECIME QUE YA ESCUCHASTE LO NUEVO DE LA OLIVIA!
- NO AMIGO. Estoy a mil en la ofi, en el almuerzo le doy play
- AY te va encantar. Por fin un álbum para los piscianos enamoradizos.
- Ayyyy
- Ay bueno pera… al final osea es como que esta re enamorada y después su relación entra en crisis y se deprime.
- y bueno amigo, era de esperar. no viste el título del álbum….!!
“You seem pretty sad for a girl so in love” es el nombre que lleva el nuevo trabajo de Olivia –algo asi como te ves bastante triste para ser una chica tan enamorada - y si hacemos caso omiso del título y nos adentramos en el disco a ciegas, la primera canción proyecta una Olivia consumida por el amor.
En “drop dead”, el primer sencillo y tema de apertura del álbum, Olivia le canta a quien parece estar conquistando su corazón –un chico al que había stalkeado en redes y con el que, desde ese primer momento, su intuición femenina le dijo que lo suyo estaba destinado a suceder. Olivia parece advertirle al chico en cuestión de su devoción hacia él: “si me quedo a dormir, me voy a tener que quedar para siempre” (If you let me stay the night, Well, I think I might just have to stay forever).
La segunda canción, “stupid song", se erige majestuosa. Comienza con un tenue piano, y parece una balada ordinaria, pero crece y no deja de hacerlo hasta llegar al brigde, donde su voz trepa sin esfuerzo cada vez más alto, a medida que la melodía asciende como una montaña rusa antes de la gran caída. Es ahí donde Olivia explica que ama al chico más de lo que cualquier estúpida canción podría decir jamás. Y yo me pregunto, ¿Cómo es posible querer a alguien con una intensidad tal que supere a aquella que se deja ver en canciones como “True Blue”, de Boygenius o “Peace”, de Taylor Swift? Quizá, esas no sean las canciones a las que Olivia se refiere; o quizá el amor que sentía por su chico era realmente mayúsculo y nos lo quiere hacer saber cuando explica que “si existiese dios, él es el vínculo entre nosotros dos” (“And if there is a god, he's the bond that's between us two”).
El disco continúa con una seguidilla de canciones de amor en las que, sin embargo, comienzan a dejarse ver esas grietas abiertas por las dudas e inseguridades que muchas veces acarrean las relaciones sexoafectivas. En “Honeybee” Olivia canta, “Todo lo que tengo se siente de ambos” pero en el estribillo repite, “espero nunca ver cómo se ve tu rostro al marcharte. Brindo por esa esperanza." Parece ser que la perpetuidad de esa relación es más bien aparente y se funda en el anhelo, en la mera fe.
“Maggots for brains” muestra a una Olivia apática, vacía, totalmente dependiente de su chico. La canción es fresca, hace querer bailar, trae un sonido ochentoso de goce, pero narra la muerte de la personalidad de Olivia, subsumida en la subordinación completa hacia su chico. La canción que le sigue –“u + me = ˂3”–, trae un acento melódico dosmilero y una olivia que parece creer que está sanando. Pero lxs que somos conocedorxs en la materia del amor sabemos que es tan solo el preludio del fin.
El siguiente run lo demuestra. En “My way”, parece reactualizar el mensaje que su mentora, Taylor Swift, dejó por escrito en “Better than revenge”: ¡Ojo! No se hagan las vivas, este chico es mío. Le sigue “Purple”, a mi parecer la canción que mejor denota la madurez en la pluma de Olivia y su capacidad de ver y escribir sobre los claroscuros de la experiencia humana. En “Purple", la artista describe el electrizante momento en el que dos personas están fusionando sus vidas. Pero, ¿qué pasa cuando entre ellos se mimetizan y su vida se torna demasiado monótona? Al final de la canción Olivia canta: “Me acerqué tanto que ya no puedo volver atrás. Me derrito contigo hasta que todo se vuelve negro. Me derrito contigo hasta que simplemente se siente triste”.
Y de ahí, es todo en picada. El lado B del álbum comienza con “The cure”, el clímax del disco, quizá la canción más potente, al estilo “good 4 you” o “Driver´s licence”. La mismísima Olivia la describió como “es karaoqueable, si te sientes triste”. En aquel momento del álbum aparece el entrañable vocalista de The cure –Robert Smith– para acompañar a nuestra idola pop en “what 's wrong with me”. La canción se ubica entre dos baladas: “begged” y “less”. Ambas canciones proyectan una claridad patente en sus motivaciones fundamentales. Incluso en lo más profundo de la desesperación, Olivia encuentra la claridad para denunciar cómo el hecho de rogar por afecto invalida su llegada final, o que más allá de ser dejada de una manera 'madura' y elegante, eso no hace que el dolor se sienta menos.
La última canción del álbum se titula “cigarette smoke”, y en ella Olivia hace uso de la intertextualidad y trae a colación “Cardigan”, el único sencillo del álbum pandémico Folklore. En aquel, Taylor comenta que la presencia de su ex resulta fantasmagórica y se resiste a la fuga: “Pero sabía que te quedarías impregnado como el beso de un tatuaje. Que el olor a humo se quedaría flotando por mucho tiempo" –repetía Taylor. Ahora, Olivia utiliza ese mismo olor al humo de cigarrillo –el cual lucha por persistir y es arduo de quitar– como una metáfora de lo difícil que es superar a su ex. Y también se lamenta. Parece querer decir: ¿Por qué siquiera lo intenté?; ¿qué tonta fui?
A lxs jóvenes adultxs amantes del pop —esxs veinteañerxs a quienes la pandemia les interrumpió la transición de la adolescencia a la madurez—, Olivia les llega muchísimo. Gritamos, lloramos y bailamos con “Sour”; y ahora, ya más adultxs, lo volvemos a hacer con “You seem pretty sad for a girl so in love”. Porque Olivia nos ofrece una ventana de emociones para identificarnos. Desde sus comienzos parece entendernos, logra emocionarnos y hace que sea imposible no cantar sus canciones a los cuatro vientos. Y bueno, eso es lo que el buen pop debe hacer, ¿verdad?
Tomas es Politólogo (UBA). Le interesa la teoría política, los estudios sobre la opinión pública y la literatura. Trabaja de docente y cuando puede, lee.
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