POR QUÉ LA IA DEBILITA LA DEMOCRACIA Y QUÉ HACER AL RESPECTO
Mark Coeckelbergh
por Daniela Porfirio*
En un contexto convulsionado para las sociedades democráticas, el autor alerta sobre los riesgos que implica que la concepción y utilización de la IA no se encuentren motivadas a fomentar y fortalecer la democracia y al desarrollo de una verdadera tecnología de la comunicación, en el sentido republicano e ilustrado de la palabra.
Reseña - Por Daniela Porfirio
29 de enero, 2026
Las nuevas tecnologías digitales se producen y reproducen con mayor rapidez de la que podríamos imaginar. Desde su utilización por grandes CEO de corporaciones tecnológicas para producciones en materia militar, financiera, empresarial, etc., hasta el uso de Chat GPT para resolver cuestiones de la vida cotidiana. Muchas de las personas creen que el empleo de diferentes herramientas digitales no se encuentra ligado estrictamente a la política, menos aún a la democracia.
Mark Coeckelbergh es un filósofo belga y profesor de Filosofía de la Tecnología y los Medios de Comunicación en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Viena. Su interés y especialización gira en torno a la ética de las nuevas tecnologías, en particular sobre robótica e inteligencia artificial. Él se ha preguntado sobre la manera en que utilizamos las nuevas tecnologías, en particular en lo que respecta a inteligencia artificial y robótica. La ética de la inteligencia artificial (2021), La filosofía política de la inteligencia artificial (2023), La ética de los robots (2024) son algunos de los títulos donde explicita, desde diferentes corrientes teóricas-filosóficas, el recorrido, cuestionamiento y tratamiento de estas tecnologías. En esta oportunidad, me centraré en una de sus obras: Por qué la IA debilita la democracia y qué hacer al respecto (2024), la cual plantea repensar la forma en que concebimos a la inteligencia artificial en relación con la política, y los riesgos que una implementación desregulada de la IA representa para los fundamentos centrales de la democracia. Además, reivindica la posibilidad de incorporar diversas estrategias que guíen un desarrollo más democrático de estas herramientas.
Una de las nociones más repetidas sobre la inteligencia artificial, y de la tecnología en general, versa sobre su carácter instrumental: “La IA puede ser buena o mala, va a depender de cómo la uses”. Tal como una caja de herramientas, la IA cumple los objetivos que el ser humano demande. En lo que involucra a este libro, si bien el autor no descarta el carácter instrumental que han cumplido las tecnologías a lo largo de la historia, señala la necesidad de pensar a la inteligencia artificial y a las tecnologías digitales como políticas de principio a fin. Los fines no justifican los medios, sino que los fines importan al igual que los medios. Aquellas tecnologías no son meramente instrumentos neutrales para alcanzar determinados objetivos humanos, son algo más que tan solo una herramienta; ya que las mismas transforman aquellos objetivos, los significados asociados a ellos, sus implicancias en el corto y mediano plazo y, no menos importante, la forma en que hacemos política
Mark Coeckelbergh no pierde de vista en ningún momento el papel político de las tecnologías digitales. Y, si la IA no es neutral con respecto a sus utilizaciones y efectos, ¿por qué lo sería con la democracia? El diagnóstico del autor sobre el uso de la inteligencia artificial en la actualidad es claro: “Debilita los principios fundamentales y la base del conocimiento sobre los cuales se construyen nuestras democracias, por lo que no contribuye al bien común” (2024: 16).
Al comienzo, y tras una pequeña introducción del contexto político reciente, se introducen los dos conceptos principales del libro: inteligencia artificial y democracia, desde el punto de vista de diferentes teorías político-filosóficas, para luego indagar sobre cómo la IA socava los principios fundamentales de la democracia liberal: libertad, igualdad, fraternidad, imperio de la ley y la tolerancia. La libertad es uno de los preceptos principales a la hora de evaluar las democracias liberales y, en varias ocasiones, la IA vulnera aquellas fuentes de información que interfieren en la formación de las creencias políticas de las personas. La manipulación de los contenidos compartidos en redes sociales u otros medios influye sobre la autonomía de los ciudadanos al momento de formar sus propias creencias. El caso paradigmático que se puede mencionar es el escándalo asociado a Cambridge Analytica, datos recolectados sin consentimiento de las personas, que luego fueron utilizados para influir en su comportamiento electoral.
La comunidad política se transforma en un conjunto agregado de opiniones cuantificables. Esto transforma la manera en que los ciudadanos se comunican e intercambian ideas. Incluso, la forma en que se reconocen entre sí, la igualdad entre las personas se desvanece cuando quienes toman decisiones sobre políticas públicas son accionistas y directivos de corporaciones tecnológicas y no voluntades populares. O cuando el juicio humano queda relegado por un conjunto de códigos programados para su automatización.
La ausencia y/o deterioro de cada principio, convierte a los escenarios actuales difíciles de contener bajo los requerimientos mínimos de democracia. Se vuelve un proyecto cada vez más autoritario, donde el diálogo y el entendimiento se reducen, la intolerancia crece y la razón pública deviene de un algoritmo alejado de la propia existencia material.
Por otro lado, el autor se detiene en uno de los ejes prioritarios para garantizar las libertades formales de las sociedades democráticas, el cual está asociado al nivel de conocimiento e información. Mark Coeckelbergh hace hincapié en las bases sociales y epistémicas de las democracias. El conocimiento y la confianza son cuestiones continuamente debilitadas bajo la sobrecarga de información, errores y difusión de prejuicios en diferentes chatbots, contenidos gráficos y audiovisuales manipulados, descrédito de fuentes e instituciones científicas, entre otras. La desestimación y destrucción de diferentes vías de comunicación, la continua desconfianza sobre los datos, son algunas de las causas del creciente aislamiento social que atañe a nuestras sociedades. El juicio comunitario requiere un entendimiento mutuo, requiere experiencias y puestas en común, requiere un mayor compromiso de las herramientas digitales al servicio de los valores democráticos. Frente a las amenazas que plantea la manipulación informativa, la concentración del poder en corporaciones tecnológicas, la erosión de valores comunitarios, entre otros factores, el libro sostiene la necesidad de concebir formas que nos permitan pensar en una inteligencia artificial más democrática. Es crucial implementar una inteligencia artificial que funcione para la democracia.
Qué hacer al respecto implica la incorporación de la inteligencia artificial en función de lograr una mayor participación, comunicación y acción para los ciudadanos. Las nuevas herramientas digitales pueden ser mecanismos claves para fortalecer las instituciones democráticas vigentes, como también, la posibilidad de fomentar nuevas. Estos nuevos canales de acción y comunicación deben estar respaldados en una educación que impulse la cultura democrática. Es necesario ofrecerle a las personas una base de conocimiento y confianza para poder involucrarse aún más en la comunidad política.
Acompañar la implementación de las tecnologías digitales en los procesos deliberativos y republicanos convive con la necesidad de elaborar mejores narrativas que alienten la creación de un mundo donde merezca la pena vivir. La IA y las tecnologías digitales pueden complementar o ayudar a la creación de comunes epistémicos y experienciales, conocimientos arraigados en experiencias concretas, relacionales y comunitarias, que contribuyan a la construcción de un mundo en común e inclusivo.
La problematización de las tecnologías digitales y de qué manera afectan a nuestras sociedades es crucial para poder incautar los riesgos que involucran su utilización sin cuestionamientos, como si fuese una mera herramienta. El libro de Mark Coeckelbergh es una apuesta por esa construcción, la tarea de crear un nuevo orden social, político y cultural, un nuevo Renacimiento que se entrelace con una mirada ética y sostenible sobre el uso de las tecnologías digitales. Volver más política a la IA, o mejor, más políticos a nosotros mismos.
Daniela Porfirio es Licenciada en Ciencia Política (UBA). Se especializa en temas relacionados con la opinión pública y el comportamiento político, con una gran vocación y compromiso social.
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