Saltear navegación

¿VÍCTIMA DE QUÉ?
A 50 AÑOS DE LA DICTADURA MILITAR CONVERSAMOS CON MARIO SANTUCHO

por Martina Cafaro

“Definís arbitrariamente el presente como lo que es, cuando el presente es simplemente lo que se hace. Cuando pensamos este presente como debiendo ser, no es todavía; y cuando lo pensamos como existente, es ya pasado¨.  

Henri Bergson en Materia y Memoria (1896). 


 Entrevista - Por Martina Cafaro
23 de marzo, 2026

Terminó la obra, cerró el telón, aparecieron los actores y nos agradecieron por venir en estos tiempos oscuros. Se despidieron: "Agáchense en las trincheras, porque no pasarán"

El 24 de marzo de 2026 se cumple medio siglo de la última dictadura cívico-clérico-militar en Argentina. Nuestra democracia es aún joven y como todo novato recorre la ardua travesía de crecimiento y aprendizaje. En este contexto, los diálogos con Mario Santucho —sociólogo de la UBA, editor y gestor de la Revista Crisis, militante, padre y amigo, e hijo homónimo del líder del Ejército Revolucionario del Pueblo— se convierten en un punto de partida para pensar. Su infancia y adolescencia transcurrieron en Cuba, adonde llegó tras el secuestro junto a sus primas y tías y la posterior desaparición de sus padres. Me propongo rumiar, junto a él, inquietudes en torno a la batalla por la democratización y la justicia, así también en el contenido de palabras como revolución, víctima, héroe, democracia y libertad. Argentina siempre lo siguió llamando, y para el día de esta fecha nos propusimos repensar seriamente los debates que se están abriendo: ¿qué es una “historia completa”?

Mario Santucho

Todas las historias nos llegan desde el lugar donde está parado quien la cuenta. En 1983, con la vuelta a la democracia, se alcanzó un consenso, se estableció un pacto: rechazar cualquier tipo de violencia física y armada como herramienta legítima de resolución de conflictos. La lógica del combate quedó fuera del sistema y, con ese rechazo, se renunció a la idea de una revolución posible. Ese consenso democrático no solo delimitó qué formas de acción eran legítimas, sino también qué debía ser recordado. Durante la llamada “década de la memoria” también hubo olvidos.

Sostener que derrocar un gobierno injusto no es democrático es, en parte, producto de ese marco. Sin embargo, esa lectura entra en tensión con experiencias como la de 2001, donde la disconformidad por fuera de lo institucional fue profundamente democrática. El conformismo sufragista cada dos años no alcanza; por el contrario, debilita y lima los cimientos de este joven edificio argentino

Una mujer busca evitar la detención de una persona por parte de los policías

"No se trata de ser nostálgico". Mario Santucho, lejos de describirse como un setentista, encuentra una inspiración política en el 2001. Aún así, muchos debates que se daban en los ‘70 hoy reemergen con otro contenido. Realidades que quedaron truncas vuelven a recuperarse.

Durante nuestra charla (que continuó de manera virtual a través de audios), Mario insistió en romper con la idea progresista del tiempo: pensar una nueva ontología del tiempo, donde no sea infinito ni lineal; pensar un tiempo de materia y memoria para comprender que nuestro presente está lleno de pasado, y que "toda percepción es ya memoria" (Bergson). Es por eso que, ante la iniciativa del gobierno nacional de pensar una ¨historia completa¨, Mario propone narrar una ¨historia completísima¨. 

Mario Santucho viene trazando esta idea hace ya un largo rato: la víctima es el reverso del revolucionario; el revolucionario deviene en víctima producto de la derrota, pero, a su vez, la víctima luego tiene la posibilidad de devenir en rebelde. Todos los militantes nos transformamos en víctimas de la dictadura, pero ¿qué es una víctima? 

En términos técnicos, una víctima es “un sujeto pasivo del delito a quien corresponde el ejercicio de la acción particular y de la acción civil derivada del delito, a quien se efectúa el «ofrecimiento de acciones»” (Real Academia). Durante la dictadura militar, las Madres de Plaza de Mayo politizaron el rol de la víctima: le dieron un carácter de potencialidad para la restitución de derechos. Sin embargo, no todos fueron sujetos pasivos del delito: había militantes entregados a una causa política, dispuestos a perder su vida, sabiendo a medias (porque mucho no se sabía lo que pasaba) que podían perder el combate al que se enfrentaban, y, por tanto, morir. Pero precisamente esta tensión en la definición de la víctima entre sujeto pasivo y sujeto político activo es la que hoy vuelve a ponerse en disputa en el terreno de la memoria

Madres de Plaza de Mayo 

En ese terreno, no es la teoría de los dos demonios ni la de un único demonio: se trata de intentar entender qué se busca consolidar en el imaginario colectivo trayendo la lógica de la “historia completa” ¿Qué podemos aportar nosotros -los y las herederas de un 2001 democrático- a ese debate? Hay quienes elegirán no dar esa discusión: a la gilada ni cabida. Hay otros que creemos que todos los debates que hacen mella es porque poseen un meollo de verdad. “No es momento para conceder”, me decía Mario mientras charlábamos en la radio La Tribu, y me parecía acertado. Aceptar que el poder tiene efectos de verdad y reconocer al adversario (¿o enemigo?) como interlocutor no implica que sus discursos contengan una verdad en sí mismos. Sin embargo, una de las variables del poder es impregnar
los propios sentidos de la verdad.

No se trata solo de una discusión abstracta sobre la verdad: esa disputa se encarna en prácticas concretas. La etiqueta de “terrorista” aplicada a los militantes revela una lógica de poder que se repite en distintos momentos históricos. Hoy hay una búsqueda de señalar al crítico del gobernante como un sublevado, como si expresar insatisfacción y reclamar accountability vertical (responsabilidad a los gobernantes) fuera golpista. Bajo esa mirada, se festeja la exclusión y, en muchos casos, la eliminación simbólica o material del rebelde, legitimada por un abanico de discursos oficiales y mediáticos. 

Si los rebeldes con causa del ‘76 eran terroristas porque creían en una revolución posible, porque alzaban la voz ante la disconformidad y ponían el cuerpo y la vida por un proyecto colectivo, quienes lo hagan hoy también serán terroristas; y como bien dictamina este paradigma: a los terroristas, nada. Se implanta el conformismo como sinónimo del buen ciudadano. "Se trata de una discusión sobre el presente, porque a cualquiera que se les oponga lo van a nombrar como terrorista, y esa idea resulta fundamental para su proyecto." Me comentaba Mario sobre la enunciación de terroristas hacia los militantes. 

Hace poco, Mario entrevistó a Pilar Calveiro, militante y sobreviviente de la dictadura, para la edición número 71 de la Revista Crisis. En ella, Pilar comentaba que lo central del asunto no es la cantidad de demonios, sino la responsabilidad estatal por las torturas cometidas, en el marco de un plan sistemático, distribuido y coordinado a lo largo de todo el territorio nacional, de desapariciones forzadas, robo de bebés y asesinatos. Esto nos dirige a una pregunta fundamental en esta coyuntura: ¿cuáles se suponen que son las tareas del Estado? Varias personas han dedicado su vida a responderla; no pretendo acercar respuestas, sino dejar inquietudes que movilicen el pensamiento. ¿Le corresponde a ese Estado aniquilar a quienes cuestionan su legitimidad? 

El contexto actual deja en evidencia algo que, en parte, todos ya sabemos: la política tiene, indefectiblemente, algo que ver con la violencia. Ya lo señalaba Maquiavelo al otorgarle una moralidad específica a la política, diferenciada de la moral cívica y religiosa; también lo identificaba Weber en su definición sobre el Estado como una empresa institucional política que posee el monopolio legítimo de la violencia; el marxismo, al comprender el motor de la historia como la lucha de clases; y Schmitt, al definir lo político en términos de intensidad de asociación y disociación, donde la violencia es un horizonte de posibilidad.

Quizá sea hora de volver a examinar las costuras que hoy vuelven a unir la violencia con el ejercicio de la política. Sin poder escapar del deseo que acompaña a cada nueva generación de crear algo distinto y de marcar una diferencia respecto de la anterior, pienso y escribo en voz alta: entre dudas y certezas, con polémicas y disparadores, para que juntos nos demos una nueva relación con la política, con el tiempo y con la violencia.

Martina Cafaro es Licenciada en Ciencia Política por la UBA.  


Notas relacionadas

16/03/2026 – Por Tomas Conde, Ensayo
ORMUZ Y ARGENTINA: DOS CARAS OPUESTAS DEL DINAMISMO ENERGÉTICO

El conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel no solo reconfigura el tablero militar de Medio Oriente: amenaza el principal corredor del petróleo y el gas mundial. Con precios en alza y Europa nuevamente expuesta, la crisis abre una ventana inesperada para el gas argentino.


14/03/2026 – Por Sarai Avila
ENDOMETRIOSIS: CUANDO EL DOLOR DE LOS CUERPOS MENSTRUANTES NO ES AGENDA

En el mes de la mujer y de la concientización sobre la endometriosis, una reflexión sobre una enfermedad que afecta a millones de personas y sigue siendo invisibilizada por la medicina, la política y la investigación.


IRÁN, EL ESCENARIO EN EL QUE EEUU SE JUEGA SU PRETENSIÓN DE HEGEMONÍA

La escalada militar contra Irán revela una disputa geopolítica más profunda: el intento de Estados Unidos por preservar su hegemonía global frente al ascenso de China, la expansión de los BRICS y las nuevas alianzas en Medio Oriente.