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MITSKI ESCRIBE SU FINAL ANTES QUE LO HAGAN POR ELLA

por Agustín Jaule

En ‘’Nothing’s About to Happen to Me’’, la cantante convive con la soledad, fluctúa entre la permanencia y el cambio, e intenta anticipar su suerte.  


Por Agustín Jaule
22 de abril, 2026

Desde mediados de la década pasada, y más notablemente después de la pandemia, Mitski ha recolectado hits virales y ha aglomerado un público considerable en festivales que ni siquiera apostaban por ella en la letra grande. Nacida en la Prefectura de Mie, en Japón, se crió en más de una decena de países debido al trabajo de su padre. En su época universitaria, ya instalada en Estados Unidos, coqueteó en un primer momento con la carrera de cine, pero optó finalmente por el Conservatorio de Música de Purchase College de Nueva York.

Fotografía de Lexie Alley

Como proyectos de anteúltimo y último año de la carrera, escribió y editó de forma independiente sus primeros dos discos, Lush (2012) y Retired from Sad, New Career in Business (2013). Sus referencias musicales van desde el folk de artistas como Jeff Buckley y el R&B noventoso de Mariah Carey hasta Ringo Shiina y su pop japonés. De hecho, en su adolescencia casi fue reclutada para convertirse en idol de este último género.

El reconocimiento ha llevado a que muchos le den a su trabajo la fama de “música de chica triste”, lo cual la cantante considera reduccionista. El abordaje de su vida personal busca interconectar el desgaste de sus vínculos, o el propio emocional, con los desafíos cotidianos de un sistema social y económico que le exige más de lo que puede dar. En sus últimos trabajos, ha mudado su sonido synth-pop —característico de Be The Cowboy (2018) y Laurel Hell (2022)— hacia un folk con influencias country que ha reconocido incorporar debido a lo que escucha en las radios de Nashville, ciudad en la que reside.

Manteniendo esta búsqueda —pero recuperando cada tanto las guitarras eléctricas y la angustia adolescente canalizada en Puberty 2 (2016)—, Nothing's About to Happen to Me (2026) nace desde un lugar de mucha ansiedad. De hecho, a primera vista, su título parece representar un mantra, una oración que se repite a sí misma —‘’no me va a pasar nada’’— frente a la oleada de posibilidades que puede generarle su estado emocional. Incluso la portada ilustra a un gato blanco que, por ingenuidad o mera despreocupación, mantiene su serenidad ante el peligro que representa un gato anaranjado que parece intentar atacarlo.

Pintura hecha por Marc Burckhardt 

Si bien Mitski intenta mimetizarse con su comportamiento en la sesión de fotos hecha para el proyecto, la figura de los felinos no es evocada en sus letras como una analogía central de la trama, sino como un recurso para enriquecer algunos momentos de la narración. En “Cats”, por ejemplo, responsabiliza a su pareja de querer dejarla y utiliza la imagen de dos gatos durmiendo a su lado para describir su lugar de confort frente al conflicto.  

Hay un juego de contrastes entre la estética visual y algunas de las canciones. En “In A Lake”, la cantante sugiere que se siente más a gusto en el ruido y anonimato de una gran ciudad. Sónicamente, esta introducción incorpora de forma paulatina instrumentos de viento, el bullicio del tráfico y platillos, entre otros elementos, creando una atmósfera luminosa y teatral hacia el final. No obstante, las imágenes que acompañan al disco transmiten más bien la sensación de encierro. Lo mismo puede decirse de los videoclips, aunque la música en esos casos es más acorde.

En “Where’s My Phone”, una Mitski del presente sobreprotege a su versión del pasado dentro de su casa y no quiere dejarla ir, hasta que su versión del futuro la obliga a hacerlo. También puertas adentro, “If I Leave” tiene una ambientación similar a la de una película de terror, ilustrando cómo se siente frente a la desilusión amorosa que transita y las formas que puede tomar el aislamiento. Su casa entonces es central en la obra ya que le significa seguridad —posible guiño al título del álbum— frente a un mundo exterior crítico y obsceno, aunque en el largo plazo el confinamiento termine siendo deteriorante.

Otro de los tópicos radica en el conflicto entre querer mantener su esencia y amoldarse a alguien más. En “I’ll Change for You” —que destaca por su fusión de jazz y Bossa Nova— la narradora promete cambiar para que otra persona vuelva a quererla, a pesar de insinuar que era en vano algunas canciones antes. Mitski intenta ‘’bajar al nivel del oyente’’ (incluyéndose en ese sector) y crear una canción para cuando quiere sentirse ‘’patética’’; una forma de exteriorización que considera momentáneamente necesaria. 

Fotografía de Lexie Alley 

Deben señalarse algunos aspectos en la composición que dejan cierto resabio. Por un lado, muchos tracks comprenden una progresión orquestal cuya columna vertebral es un rasgueo de guitarra similar y una percusión suave. En una primera escucha, puede condicionar al corpus a ser recordado como uniforme. Además, la decisión de reducir algunos estribillos a onomatopeyas, como los ‘’ya-yas’’ y ‘’do-dos’’ en “That White Cat” y “Dead Woman”, respectivamente, opaca el ingenio de la cantante para construir una idea y exhiben cierta pereza.

Sin embargo, “Dead Woman” se reivindica como un faro interpretativo de uno de los aspectos más importantes que intenta plasmar Mitski a través de todo el proyecto. En este caso describe un escenario en el que la asesinan y afirman que ‘’dio su vida para poder ser parte de nuestros sueños’’ y ‘’usarla a nuestro antojo’’. Allí critica el intento de amoldar la imagen de las mujeres después de su muerte: volverlas bandera de ciertas causas para celebrarlas o criticarlas; contar intimidades de sus historias como ejemplo a lo que hay que aspirar o evitar, o hacer ficción sobre sus vinculaciones y el morbo de los últimos días de su vida. 

La narradora incluso anticipa el escenario de su ‘’verdadero’’ deceso en ’’Lightning’’, donde fantasea con volverse la lluvia —celebrada bajo algunas creencias como un renacer de la naturaleza— cuando llegue su hora y así volver a ver el mundo. Aún así, no le preocupa su muerte ni lo que sea causa o consecuencia de la misma: ‘’Si estoy oscura, mejor aún para reflejar la luz de la luna / Si estoy de luto, mejor aún para contemplar el amanecer’’. Durante esas oraciones la instrumentación desemboca en un puente de cuerdas distorsionadas y percusión intensa que aportan tanto a la seguridad de su afirmación como al aspecto emocional de aceptarlo.  

Fotografía de Lexie Alley  

Aunque no tan efectivo en su incursión sónica como su predecesor, Nothing’s About to Happen to Me es una terapia necesaria, y como cualquier otro de sus trabajos, le demanda al oyente que preste atención. A lo largo de sus 34 minutos, se presenta un personaje en el que no solo se condensa la tristeza: hay ilusión, desesperación, humor negro, tropezones, múltiples escenarios de muerte y la reflexión de cada uno de ellos, y por qué no, gatos. Mitski continúa innovando con respecto a las perspectivas desde las cuales analiza sus conflictos y lo acompaña con la construcción de una estética lírica y visual que complementa su intención. Hacia el final, parece encontrar serenidad en haber transmitido claramente sus convicciones —e incluso contradicciones— con respecto a su entorno personal y político y sus experiencias, sin dejar huecos que puedan tergiversar los monstruos de la industria, los mortales de mente pueblerina o incluso sus amantes.  

Agustín Jaule, nacido en Junín, es estudiante de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires. Le interesa el análisis del arte en todas sus formas y se fanatiza especialmente con la música pop.


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