LOS ÁLBUMES MÁS DESTACADOS DEL 2025
La vuelta a lo auténtico en tiempos de sobreexposición
por Tomás Ordoñez y Juana Lauría Durañona y Vedia*
Frente al ruido algorítmico, Desenfoque recomienda álbumes que no buscan viralidad, sino decir algo para recuperar, de algún modo, la tan preciada experiencia íntima de escuchar.
Opinión - Por Tomás Ordoñez y Juana Lauría Durañona y Vedia
28 de diciembre, 2025
Si no comparto el álbum en mis historias, ¿lo escuché? Si estuve en el recital pero no lo mostré en redes, ¿realmente fui? Si ese artista que me gusta no aparece en mi spotify wrapped, ¿de verdad soy fan?
En la era del tecnocapitalismo, el acto de escuchar música se ha vuelto un acto performativo. Para muchxs el foco se ha corrido de la propia experiencia del escuchar y hoy se ubica cerca del consumo performativo. La escucha ya no se define tanto por la relación sensible y reflexiva con la obra, sino por su inscripción en circuitos de visibilidad, validación y capital simbólico.
En tiempos donde las fuerzas algorítmicas nos empujan hacia la extimidad y la visibilización permanente de nuestra esfera privada, salir a caminar con auriculares al compás de un álbum y refrenar esas ganas de compartirlo en redes quizá sea un acto de tinte contracultural.
Más allá de las formas que adquiera la escucha - íntima, reflexiva, compartida, visible o silenciosa - hemos aquí seleccionado para ustedes lo que creemos condensa lo más significativo de la música de este año. Una cartografía de los mejores álbumes que nos deja el 2025.
Essex honey - Blood Orange
Devonté Hynes vuelve a Essex no como un lugar físico, sino como un estado emocional. Essex Honey se presenta como un archivo emocional en constante transformación, una colección de recuerdos, sensaciones y silencios que se reorganizan a medida que el disco avanza. Ritmos cinéticos con armonías vocales suaves le dan forma a un sonido que canaliza el período de duelo que atravesó el artista durante su gestación. Sin dramatizar la pérdida, Blood Orange la deja flotar en capas, como un estado que aparece y desaparece.
Las colaboraciones de Caroline Polachek, Lorde y Mustafa acompañan la búsqueda jugando con sus voces que se integran como parte del tejido sonoro, casi anónimas con el fin de crear un sonido que diga mucho más que las palabras. Se aportan grabaciones de campo, sonidos de maderas, armónicas y cuerdas que le dan sentido a esa exploración.
El disco se siente circular, como un pensamiento que vuelve una y otra vez, girando sobre su propio eje. Fragmentos musicales y letras reaparecen, sugiriendo que el duelo no es lineal, sino un sentimiento persistente. En Essex Honey, la memoria no mira sólo al pasado, redefine el presente y la definición misma del hogar.
Big city life - Smerz
Durante muchos años la música giró en una misma dirección, enalteciendo la estética calculada, las fórmulas repetidas y la obsesión por un sonido limpio, “correcto”. En la escena escandinava, lejos de los grandes centros, el universo sonoro empezó a desplazarse de otra manera. En ese movimiento discreto, el sello discográfico ESCHO se vuelve refugio y punto de cruce para un ecosistema que privilegia un sonido más genuino y arriesgado. En esa autenticidad surgen artistas que priorizan jugar y transmitir, dejando de lado los excesos y la perfección técnica; entre ellos Smerz, el dúo noruego que aparece con una propuesta donde la emoción y la intención se imponen por sobre la forma.
Tras varios EPs y singles que habían comenzado a perfilar su sonido minimalista y experimental, Big City Life marca su primer trabajo de larga duración. Es un disco que retrata la ansiedad urbana traducida en música, capturando el cruce entre lo público y lo privado, para así definir la vida en la ciudad. Canciones como Close y Street Style reafirman la presión y el ritmo implacable de la urbe. Mientras que Dreams y You got time and i got money despliegan la sutileza etérea de las voces de Catharina Stoltenberg y Henriette Motzfeldt fusionadas sobre instrumentación delicada, convirtiendo las letras en pensamientos íntimos.
Desde la introspección, los beats mínimos y las secuencias electrónicas que se repiten como rutinas, sostienen el álbum en la pausa, navegando en un territorio de electrónica experimental, R&B etéreo y pop minimalista.
Big City Life no intenta explicar la ciudad ni romantizarla. La habita. Traduce lo cotidiano en una atmósfera donde la repetición deja de anestesiar y empieza, de a poco, a revelar su mensaje.
Getting killed - Geese
En algún punto entre el caos y la precisión, Geese volvió a aparecer con un disco que no pide permiso. Getting Killed es el tercer álbum de estudio de la banda y también una especie de manifiesto crudo y visceral que descoloca al oyente desde la primera escucha. Es un álbum difícil de encasillar, de categorizar, que parece absorber la raíz del rock clásico y resignificarlo pero sin caer en revivalismos previsibles.
Jugando un papel central, la voz de Cameron Winter parece evocar otra época, con un timbre cargado de nostalgia y vibraciones punzantes, rozando constantemente la interrogante de si suena “bien”, o si es ahí mismo donde reside su encanto. Esa ambigüedad le da identidad a la banda de una manera fresca, humana y real. Las letras acompañan ese clima con un tono que oscila entre lo teatral y lo improvisado. Son crípticas sin resultar herméticas, hablan de lo cotidiano desde un lugar poético, sin adornos ni seriedad impostada.
La música avanza con una vibra desordenada, como si estuviera siempre a punto de desbordarse. Esa combinación irregular, obsesiva e impredecible es lo que hace de Getting Killed un álbum magnético, capaz de capturar la atención de las distintas audiencias, posicionando así a la banda en un lugar novedoso dentro de la escena actual.
The passionate ones - nourished by time
¿Puede un álbum ser futurista y nostálgico? ¿Es posible lograr una composición con sonidos nuevos, vanguardistas que al mismo tiempo resulten familiares, conocidos, cálidamente acogedores? El último álbum Nourished by Time, prueba que tales cometidos son compatibles.
“The Passionate One” suena como un demo de R&B que originalmente fue rechazado por una gran discográfica en los 90, encajonado durante varios años y finalmente rescatado para ver la luz en pleno 2025. Catalogarlo dentro de un género, en ese sentido, resulta una tarea esquiva. Antony Fantano lo describe como un álbum de bedroom synth pop y post R&B con un giro alternativo. Por su parte, el propio artista enumera en su página web un mapa de influencias que van desde Tyler, the Creator y Kanye West hasta Fiona Apple y Brownstone.
La escucha del álbum resulta lúdica, una experiencia placentera que por momentos invita al baile. Aun así, hay lugar para la crítica: en 9 2 5 se alza contra la omnipresencia del trabajo en tiempos de precariedad; en Cult interlude denuncia la lógica de los cultos que, en la búsqueda de sujetos desamparados, terminan atrapando a miles de personas cada año.
La vida era más corta - Milo j
“..Un alma pasada me estoy manifestando..” desarrolla Milo al comienzo de su tercer disco de estudio La vida era más corta. Esa frase marca el eje central de la obra, como dentro de uno mismo, en las raíces, en el ADN, en el espíritu, habitan los ancestros y su historia. Un retrato íntimo sobre crecer, aceptar y reconocer lo que habita bajo de la piel.
Las raíces del folklore, el tango y la zamba atraviesan todo el disco marcando su pulso. Desde los samples y tributos en canciones como niño y Jangadero - donde la voz de Mercedes Sosa es recuperada de archivo y recontextualizada - se construye un lenguaje que ordena el relato y le da forma. Milo se mueve dentro de esas tradiciones con naturalidad, apropiándose de ellas para contar una historia personal. En ese cruce entre herencia y presente, el álbum traza un coming of age íntimo, donde la identidad se afirma no por ruptura, sino por pertenencia.
Es un álbum sensible, que toca fibras profundas y dialoga con la historia cultural colectiva del país, pero también con la pregunta de cómo relacionarnos con ella desde la individualidad. En ese equilibrio, La vida era más corta consolida una identidad auténtica, aportando una nueva impronta al mainstream y sobre todo a la escena argentina actual.
DOGA - Juana Molina
Después de casi una década, Juana Molina irrumpe con DOGA, su octavo disco de estudio. La artista parece confirmar aquella trayectoria que impulsa desde sus inicios, donde desarma la idea de canción para convertirla en un espacio donde reina la experiencia.
Ex actriz, pionera del loop casero, artesana de un lenguaje propio, Juana vuelve después de años de silencio con un disco que no explica nada, pero que la continúa posicionando como una artista única y ahora consagrada mundialmente.
Las canciones de DOGA funcionan como rituales abiertos, configurando un mundo donde lo humano y lo natural se confunden. Los sonidos remiten al bosque - precisamente el opener del disco, "Uno es árbol" - , a los sueños y la fantasía. Las guitarras procesadas y los sintetizadores ocupan un lugar central, dejando a la voz en un plano secundario, como un murmullo que se multiplica y se disuelve en ecos.
“A veces me siento una médium entre vaya a saber quién y la música” cuenta Juana en conversación con Tiempo Argentino. Quizá esa sea la fórmula maestra: abrir puntos de fuga, experimentar y, con quietud luminosa, dejar que lo incierto se infiltre en la música.
LUX - ROSALÍA
Vestida con un largo manto blanco y con un halo circular teñido en su cabellera, Rosalía baja de su auto y comienza a correr por las calles de Madrid. La siguen cientos de fans iluminando su pasar con los flashes de sus móviles. De pronto las pantallas de la ciudad se iluminan. El cuarto álbum de estudio - de quien quizá es la artista más vanguardista del momento - es un hecho y se estrenará en pocos días.
Y la espera valió la pena, pues porque LUX es monumental. Si el disco fuese un edificio sería la sagrada familia. Su majestuosidad se exhibe en la primera escucha y al volver al álbum se abre espacio para observar, con pulcro detenimiento, los detalles; esos que no solo adornan sino que vertebran el universo estético que el álbum proyecta.
“Quiero creer que mi música es pop, una forma distinta de hacer pop” comenta Rosalia. Y es que si entendemos lo pop como lo popular, aquello masivo, decididamente lo ha conseguido. Lux es complejo, experimental pero así y todo resulta accesible. Hay fusión de géneros, de instrumentos, de arreglos de voz; por momentos sofoco, cuesta digerir, pero lo real es que atrapa sin interrupción alguna.
En lo que respecta a la temática, la espiritualidad atraviesa toda la composición. La omnipresencia de lo divino se parodia en Dios es un stalker; el gesto cristiano de vivir para entregarse se deja ver en Reliquia al momento en que Rosi canta ‘Mi corazón nunca ha sido mío, yo siempre lo doy’; y al adentrarse en el maravilloso outro de La Yugular, la artista parece abrazar una premisa del islam: que incluso lo más insignificante guarda relación con aquello de lo más magno.
Virgin - Lorde
Antes de que suene una sola nota, Virgin se presenta desde su tapa como una declaración. La radiografía de su útero no es provocación, sino un gesto de honestidad extrema. Lorde la utiliza como premisa del mensaje que quiere comunicar, el de mirar hacia adentro, mostrar la estructura de lo frágil y lo inevitable. La imagen anticipa el tono del disco, donde no hay maquillaje ni distancia irónica, más bien una exposición directa de la vida adulta, el dolor y las emociones que unx atraviesa durante ese proceso.
Con Virgin, Lorde entrega su cuarto álbum de estudio y quizás su trabajo más crudo hasta el momento. Un registro introspectivo donde lo instrumental y lo lírico acompañan una búsqueda atravesada por un mensaje real y auténtico. En este proyecto, ella toma un rol central en la producción junto a Jim - E Stack, con colaboraciones de Dan Nigro, Dev Hynes, Fabiana Palladino, Andrew Aged y Buddy Rose.
El sonido genera una atmósfera clínica, mientras que las letras hablan de crecer, del deseo y de habitar el cuerpo desde una adultez incómoda. En canciones como Favourite Daughter, David y Broken glass se exponen temas como la vulnerabilidad en los vínculos, la obsesión por la validación externa y la relación con el cuerpo y la identidad.
El disco no pide aprobación, ni ubicarse en rankings. Por el contrario, Lorde se corre de ese lugar para escupir una voz que llegó al límite del silencio y desde esa irrupción, volver a encontrarse con quienes la siguen desde siempre.
Si abro los ojos no es real - Amaia
Ganar un reality show y ser querida por el público durante una temporada televisiva no es necesariamente el preludio de una exitosa carrera musical para una artista. Sin embargo, tras ganar Operación Triunfo en 2018, la carrera de Amaia no cesó de crecer.
Si abro los ojos no es real es el tercer álbum de la nacida en Navarra y, sin dudas, el más pulido de aquellos. En él, Amaia vuelve una y otra vez sobre la idea de la adultez y se hace preguntas sobre aquellas cuestiones que son imposibles de escapar cuando se llega a ese umbral de vida.
En M.A.P.S. parece pelearse con una madre que la controla y le restringe su actividad; en Magia en Benidorm se alza contra aquellos discursos individualizantes que enaltecen el “ir al cine sola” y apuesta por conocer y enredarse con otrxs - aun cuando eso conlleve malas experiencias y llantos -; y en Ya está destapa ese anhelo de volver a ser niñx y no detenerse nunca a pensar en las complejidades de este mundo y del más allá.
El sonido del álbum es ecléctico, como el pop español de estos últimos años, y la voz que Amaia proyecta es siempre dulce, tierna - muy propia. La producción estuvo a cargo de grandes figuras de la escena musical under española como Ralphie Choo, DRUMMIE y Alizzz.
Para quíen trabajas Vol. I - Marilina Bertoldi
Marilina bien sabe que su destacado lugar en la industria, en tanto artista mujer y lesbiana, no es regla, sino más bien una excepción. Lo expresó allá en 2019, cuando ganó el Gardel de Oro: “Hace 19 años lo ganaba Mercedes Sosa y hoy lo gana una lesbiana”.
Consciente del contenido político que ella encarna en tanto artista, Marilina lanza Para quién trabajás Vol. I, un álbum que discute críticamente con el presente. En él, no hay bajadas de línea ni denuncias literales, sino más bien un apelo a la pregunta, la ironía y la rabia. “Vienen por eso, por vos” se escucha a segundos de comenzar el disco, como si se tratara de una advertencia sobre lo que se viene - y se vive - en la Argentina.
En lo musical, el álbum impulsa un espíritu rockero, pero transversalmente coquetea con el pop sudamericano de impronta synth, aquel que tiene a Alex Anwandter, Juliana Gattas y Javiera Mena como figuras centrales. Ya desde la primera canción se oye la presencia de los sintetizadores que, usados como pulsos cortantes, emulan sonidos conocidos, como si fueran salidos de clics modernos.
Para quién trabajás Vol. I mira al presente con desconfianza. En tiempos de anestesia cultural, es precisamente lo que necesitamos.
DTMF - Bad Bunny
Difícilmente sucede que el disco con más reproducciones del año sea, tal vez, el mejor. Generalmente aquellos resultan ser masticables y poseer nula o lavada impronta política. Pero la primera semana del año 2025, Bad Bunny lanza DTMF (Debí tirar más fotos) un álbum de reggaeton que no solo suscita irremediables ganas de bailar, sino que también proyecta un mensaje de denuncia contra las décadas de colonialismo del que su pueblo ha sido (y resulta ahora ser) víctima.
“Quieren quitarme el río y también la playa // Quieren al barrio mío y que abuelita se vaya” denuncia BB. Su mensaje es contra la gentrificación, la privatización de los servicios y las generosas exenciones impositivas a las inversiones que no hacen más que desplazar a los pobladores locales.
Sin embargo el disco no se agota en su contenido político: también desde lo musical es sagaz, ingenioso, divertido. “Voy a llevarte a PR. Mama pa que veas cómo es que se perrea” canta Bad Bunny. Pues, al fin y al cabo, es un disco pensado para el disfrute y, por supuesto, hay lugar para el goce y el perreo.
El repertorio de DTMF fusiona múltiples géneros y ritmos puertorriqueños - como la salsa y el bolero - con lo mejor del reggaetón de la vieja escuela y el pop latino contemporáneo. DTMF logra así un equilibrio poco frecuente. Ser un álbum capaz de hacer bailar mientras recuerda, denuncia y afirma una identidad.
Thank you for almost everything - Headache & Vegyn
Thank you for almost everything no llega como un evento, sino como una continuación. Es el tercer cruce entre Headache y Vegyn, dos artistas que aprendieron a encontrarse en los márgenes de la ironía y la emoción. El disco se mueve en ese espacio ambiguo donde lo cotidiano deviene en asombro y lo absurdo en reflexión. Desde este nuevo encuentro se termina de consolidar una idea que estos vienen explorando desde The Head Hurts but the Heart Knows the Truth y Miss Understood, hacer de los pensamientos un lenguaje propio. Headache abre el disco con una voz, íntima, frágil, como si estuviera hablando consigo mismo. En ese diálogo interno surge el protagonista de la obra, cada frase transforma lo simple en algo profundamente emocional, trazando un recorrido interno donde la vulnerabilidad no es un límite, sino el puente que lo une con el ser.
Vegyn acompaña esa sinceridad con producciones mínimas, texturas sutiles, loops suaves y melodías atravesadas por silencios tajantes. No es electrónica pura, ni ambient, ni pop roto, sino un espacio donde todo eso convive sin imponerse. No se dice todo, se queda con lo que casi se pierde, con lo que apenas alcanza. El álbum no se impone, acompaña; no explica, sugiere; permite al oyente habitar en ese todo que a la vez es nada.
En un año marcado por la sobreexposición, estos discos invitan a volver a escuchar sin testigos. A bajar el volumen del afuera para afinar la experiencia propia. Quizá ahí, en ese gesto simple y silencioso, la música recupere su potencia más genuina.
Tomas es Politólogo (UBA). Le interesa la teoría política, los estudios sobre la opinión pública y la literatura. Trabaja de docente y cuando puede, lee.
Juana Lauría Durañona y Vedia es estudiante de Derecho en la UBA, apasionada por la música y el arte en todas sus formas, interesada en el cruce entre la sensibilidad artística y el pensamiento crítico.
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