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LAS COMEDIAS ROMÁNTICAS ESTÁN DE VUELTA: 4 PRINCIPIOS PARA QUE UNA ROM-COM FUNCIONE HOY 

por Nina Cogliano

Una mirada práctica sobre por qué las comedias románticas modernas se sienten “bien”, pero no inolvidables –– y qué necesitan para que volvamos a creer en el amor. 


Por Nina Cogliano – Ensayo
23 de junio, 2026
7 minutos de lectura

Las comedias románticas (rom-coms de ahora en adelante) son un género reconfortante que casi todo el mundo puede sentir como algo que trasciende. Exploran el tema favorito de los seres humanos: el amor. Esa cosa inexplicable, una mezcla de emoción, instinto, destino y tantos otros elementos que no logramos poner del todo en palabras y, tal vez, por eso nos vuelve un poco locos.

Es raro decir que volvieron las romcoms, cuando en realidad, nunca se fueron y siguieron siendo populares. Cada año escuchamos hablar por lo menos de una de ellas, o vemos a los actores hacer sus campañas de marketing por las redes . Y aun así, seguimos preguntándonos: ¿volvieron las comedias románticas? ¿Qué es exactamente eso que sentimos que perdimos? ¿El género debería volver a lo que era antes o adaptarse a la realidad en la que vivimos ahora? 

Más allá de las rom-coms que retratan relaciones tóxicas y personajes erráticos que se la pasan peleando, como The Kissing Booth (2018), no creo que el género esté haciendo algo terriblemente mal. La última adaptación de Netflix de People We Meet on Vacation (2026) es buena. No es tóxica. Es divertida. Poppy y Alex tienen química. 

The Kissing Booth (2018) y People We Meet on Vacation (2026)

Y aun así… algo falta. 

La gente mira comedias románticas para sentirse feliz por un rato. Para reírse del amor ––algo que últimamente parece distante en nuestro mundo moderno, sobreestimulado y sobreinformado––. 

Para mí, lo peor que le puede pasar a una historia de amor es esto: puede ser sana, dulce, agradable… y aun así no transmitir nada.

La fórmula no necesita desaparecer.  

Necesita verdad emocional.

Estos son los cuatro principios, que de seguirse, podrían traer de vuelta un poco de ese romanticismo que tanto extrañamos.  

I. Crear personajes reales — no personajes de tendencia 

Las rom-coms antes creaban tendencias, no las seguían.

Yo quise ser periodista porque todas las protagonistas de las comedias románticas lo eran — Andie Anderson en How to Lose a Guy in 10 Days (2003), Jenna Rink en 13 Going on 30 (2004). 

13 Going on 30 (2004). 

Ahora los personajes muchas veces son aleatoriamente ricos, vestidos con lo que esté de moda en TikTok, rodeados de lujo sin ninguna razón real. No moldean la cultura — la imitan. Se sienten como idealizaciones de lo que las chicas deberían ser, no como reflejos de quiénes son realmente. 

Los adolescentes de hoy probablemente se identifiquen más con 10 Things I Hate About You (1999) que con historias saturadas de tecnología.

Porque en realidad nunca se trata de las tendencias.

Se trata de lo real.

II. Construir el amor — no simplemente anunciarlo  

Lo divertido y lo profundo no son opuestos.

Miremos You’ve Got Mail (1998). Los personajes se enamoran dos veces: primero a través de conversaciones íntimas, y luego en la vida real cuando las ilusiones desaparecen. Pasan de enemigos a amigos y de amigos a amantes. Vemos la progresión.  

Compárenlo con películas que dependen del shock en lugar de construir emocionalmente la relación — como Plus One (2019), donde el paso de la amistad al romance se siente abrupto, y una escena íntima aleatoria en un cementerio existe puramente por shock o humor incómodo, más que por una necesidad narrativa real. 

No está mal.

Simplemente no es tan bueno.  

Y se siente superficial.

Los grandes gestos solo funcionan si antes existieron pequeños gestos que los construyeron.

Patrick llevando a Kat a su casa en 10 Things I Hate About You (1999) y no besándola — quiere hacerlo, pero sabe que no es lo correcto y quiere hacer las cosas bien.  

Cuando Mr. Darcy dice “You have bewitched me, body and soul” en Pride & Prejudice (2005), funciona porque vimos la tensión antes — la mano que se tensa, las miradas, las palabras no dichas. 

Pride & Prejudice (2005)

El amor vive en las pausas.

En las miradas.

En lo que casi sucede.

Construyan el amor. No lo declaren simplemente.
III. Recuperar la profundidad y el riesgo del amor 

El amor no es superficial. Es lo más importante del mundo. Puede ser la diferencia entre sobrevivir o no. Una persona podría ir a la guerra y luchar por volver con vida simplemente porque alguien la está esperando del otro lado.

Los personajes necesitan entender ese peso.

Si tienen miedo, no debería ser porque “todo va demasiado rápido” — como el conflicto en Plus One (2019). Debería ser porque se dan cuenta de que esto es algo profundo, algo que los vuelve vulnerables de una manera que no pueden controlar.

El miedo viene de saber que entregar el corazón tiene consecuencias. 

Pero no huyen.

Incluso con trauma. Incluso con dudas. 

Porque el riesgo de perder esa conexión es peor que el miedo de intentarlo.

Construyan esa tensión.

Tiene que haber algo en juego.

¿Dónde está el romanticismo si no hay nada que perder?

Wuthering Heights (2026)

IV. La complejidad debe ser clara y el amor debe ser universal 

Los personajes pueden ser complejos y aún así fáciles de entender.

La claridad no es lo mismo que la superficialidad. Significa intención.

Tomemos a Elle en Legally Blonde (2001). Es subestimada, pero es inteligente — incluso antes de darse cuenta completamente de ello. Esa fuerza interna la vuelve un personaje atractivo. Su personalidad tiene capas, pero son coherentes. No es caótica; tiene un núcleo.

Legally Blonde (2001).

Compárenlo con personajes que simplemente son ruidosos, torpes o exagerados para generar efecto cómico — como si eso por sí solo explicara por qué alguien se enamora de ellos.

La profundidad no significa confusión. 

Significa tener una lógica emocional que tenga sentido.

Y las rom-coms no son solo para mujeres.

Si no lo creen, miren cualquier comedia romántica protagonizada por Adam Sandler. Sus películas entienden un tipo de humor que conecta tanto con hombres como con mujeres. Permiten que los hombres sean vulnerables, o que se vuelvan vulnerables, sin perder su masculinidad. Esa es parte de su atractivo.

Just Go With It (2011).

Las mujeres tampoco tienen que ser pasivas ni simplemente esperar a ser elegidas. Pueden tomar la iniciativa. Pueden arriesgarse. Esa dinámica es atractiva, no amenazante.

Elle no es solo linda. Es capaz. Actúa. Decide. Hace avanzar la historia.

El romance se vuelve universal cuando ambos personajes tienen agencia, cuando ambos tienen algo que perder, algo que aprender y algo por lo que luchar.

El público no necesita caos.

Necesita personajes con claridad, intención y verdad emocional.

Quizás las rom-coms nunca se fueron realmente.

Quizás lo que extrañamos es la manera en que antes creíamos en el amor.

Si las comedias románticas quieren volver a funcionar, no necesitan chistes más ruidosos ni giros más grandes.

Necesitan hacernos sentir que enamorarse todavía importa.

Que es riesgoso.

Que es transformador.

Que vale la pena.

Porque si el amor no es lo más importante de la historia…

¿Por qué debería importarnos?

 10 Things I Hate About You (1999).

 

Nina es guionista recibida de la ENERC, le encanta romantizar la vida como si fuera una rom-com, escribir y crear contenido sobre cine en su Instagram @ninaenwonderland 

 

(D)
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