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LA PISTA DE BAILE ES EL NUEVO CAMPO DE BATALLA

por Tomás Montalvo

Entre la elegía de Charli xcx y la celebración nostálgica de Madonna, la pista de baile vuelve a ponerse en discusión. Un repaso por su historia reciente para entender por qué sigue siendo un territorio en disputa. 


Por Tomás Montalvo
3 de julio, 2026
4 minutos de lectura

Creo que la pista de baile murió”, declara Charli XCX en su último sencillo, titulado “Rock Music”. La frase es impactante por sí sola, pero lo que más llama la atención es quién la dice: una artista cuyo último álbum de estudio, BRAT (2024), fue en gran parte un homenaje a la discoteca, a los excesos y a los personajes que habitan ese mundo. A lo largo de sólo quince canciones, la artista británica logró construir un personaje repleto de inseguridades que opaca en la fiesta, y así alcanzó el éxito que venía persiguiendo hace años. En Rock Music, primer sencillo de su futuro octavo álbum de estudio, anuncia que ese espacio ya no existe. O al menos no para ella.  

Charli xcx quema, literalmente, su álbum BRAT en Glastonbury, 28 de junio de 2025. 

Casi en simultáneo, Madonna proclama entre susurros: “Nos vemos en la pista de baile”. “I Feel So Free”, primer corte de Confessions II (2026), estrenó en la radio e incluso fue distribuida a distintos DJs y discotecas antes de su lanzamiento en streaming, como una forma de celebrar ese espacio y priorizar la experiencia colectiva por encima de la individual que proponen las nuevas plataformas. El décimo quinto álbum de estudio de Madonna se propone como una secuela de su exitoso proyecto de 2005, Confessions on a Dance Floor. Veinte años después, la reina del pop se sube a su propio legado para continuarlo y, en cierto modo, reinventarlo a su manera. 

Entre la elegía de Charli xcx y la celebración nostálgica de Madonna aparece una misma pregunta: ¿qué lugar ocupa hoy la pista de baile en la cultura popular? Para responderla, es necesario retroceder.

El dance : una línea de tiempo reciente 

Aunque existen múltiples ideas sobre cuál fue el inicio del género, la gran mayoría de autores reconoce a Donna Summer, con su B-side I Feel Love (1977) como una de las grandes precursoras del dance electrónico (EDM). A partir de ese hito, primó la experimentación y el ritmo se ramificó en múltiples subgéneros con sus pequeñas particularidades y distinciones en las que se encasilló a los artistas venideros. En la década del 2010 el movimiento llegó a su punto de saturación comercial masiva, provocando un efecto de desgaste que, como suele pasar a lo largo de la historia, lo llevó a replegarse. 

El quiebre definitivo llegó con el confinamiento en 2020. La pandemia, entre muchas otras cosas, provocó que una gran ola de artistas se acerque al folk y al indie, buscando en los instrumentos acústicos una forma de reflejar la desconexión y vulnerabilidad global. Taylor Swift (a través de folklore y evermore), Phoebe Bridgers o Noah Kahan son algunos de los nombres que más resuenan cuando uno piensa en el auge de este refugio acústico. 

Y en 2022, cuando el mundo comenzaba a abrirse, muchos artistas entendieron que era el momento de dejar la solemnidad de lado. Future Nostalgia (2020) de Dua Lipa, lanzado en la misma semana en la que se anunciaron cuarentenas en numerosos países del mundo, finalmente dejó de ser consumido en el aislamiento de las habitaciones para llegar, dos años después, a su espacio de escucha ideal: las discotecas. Y en plena apertura del mundo, Beyoncé lanzó un álbum que reconfiguró el panorama: RENAISSANCE (2022), la primera parte de su trilogía que aún continúa en proceso. Su séptimo álbum de estudio es una celebración total de la cultura negra y queer, fuertemente inspirado en numerosos ritmos del ballroom de los ochenta y noventa (incluyendo un sampleo de la canción de Donna Summer que inició todo) y convirtiendo la pista de baile en un espacio político e histórico. No fue casualidad: Beyoncé admitió que su plan era iniciar la trilogía con Cowboy Carter (2024), lanzado dos años después, pero optó por este cambio de rumbo. Para ella, la sociedad necesitaba algo más enérgico y divertido, que impulse las ganas de festejar, no un disco solemne. 

A modo de respuesta, muchos artistas se subieron a este resurgimiento del dance como género, pero no desde un lugar vacío y superficial, sino buscando cierta complejidad dentro de la pista de baile. Se convirtió en un espacio político, una especie de terreno neutro en donde la humanidad se transfigura, las vulnerabilidades salen a flor de piel y los cuerpos se unen en rituales que celebran haber dejado el período de encierro atrás. Desde Troye Sivan reivindicando la vulnerabilidad y el placer queer, PinkPantheress construyendo nostalgia dentro del baile o Charli xcx exponiendo todas sus inseguridades sin dejar de moverse. Como ellos hay muchos otros artistas que encontraron en la pista de baile un lugar donde mostrar su lado más débil sin perder de vista el placer.

La rivalidad menos pensada 

¿Qué significa entonces que sea Charli xcx quien declara la muerte de la pista de baile? No estamos hablando de cualquier artista, sino de aquella figura que mejor encarnó este resurgimiento, construyendo un personaje alrededor de este espacio y mostrándole a todo el mundo, a través de BRAT, que el dance no era un género menor y que en él también se podía mostrar vulnerabilidad. En el universo de Charli, sin embargo la pista difería por completo de aquella establecida por Beyoncé. Más que un espacio político, el álbum utiliza su fachada superficial y su concepto: la fiesta no como refugio sino como estética; una versión mercantilizada del lugar en donde se vacía de significado y se convierte en pose. Es gracias a toda esta base conceptual que BRAT, y el personaje que construye la artista, funciona.  

“Rock Music” se planta como contrincante absoluto de este concepto: la pista de baile murió y con ella todas estas imágenes, personajes y sentimientos absolutamente mercantilizados. La gran pregunta que deja es si Charli lo lamenta o lo celebra, una respuesta que la canción decide dejar flotando. La propia artista luego aclara en una entrevista a Rolling Stone que su frase refiere al fin de su era y no al género, glorificando artistas como Slayyyter y PinkPantheress. La pista de baile está viva, solo que sin ella presente.

Por su parte, Madonna no deja nada flotando: “I Feel So Free” convoca a la pista de baile sin ningún cuestionamiento. Incluso, a través de posteos de Instagram, polemiza la frase de Charli y juguetea con el conflicto, posicionándose a favor del espacio y utilizándolo como eje de su próximo álbum. Es que, para ella, este lugar se plantea como utópico, un universo vinculado a lo queer y a lo colectivo que se propone continuar el legado instaurado por su álbum de 2005, Confessions On a Dance Floor, considerado como una biblia para la comunidad encabezada por una de las referentes más importantes que ha tenido jamás. Después de siete años sin lanzar música, Madonna nos muestra la urgencia de celebrar los espacios donde se festeja a la comunidad. Como mencionó en su entrevista más reciente a Interview Magazine: “[La pista de baile] te salva cada vez, cuando te sentís triste, cuando sentís que nada sale bien, cuando te sentís un fracaso. Salí a bailar porque te va a salvar”.

Madonna y Charli, ya amigas, en el desfile de YSL, 24 de junio de 2026 

La discusión hipotética entre Charli y Madonna no pasa sólo por la estética. Estamos hablando de un espacio que nunca fue neutral: fue el lugar donde una comunidad históricamente marginalizada encontró refugio cuando no existía ningún otro. Madonna la defiende como un acto de declaración política. Charli, por el contrario, la abandona, pero es consciente que lo hace de una forma crítica: no es el espacio en sí el que quiere dejar sino la versión mercantilizada y poco genuina de él, donde todo es producto y estética. Ella, al igual que Madonna, quiere volver a su versión genuina, donde todos se sienten seguros y libres de vivir su verdad. La tensión construida (y mediatizada) entre ambas no sólo tiene un mismo objetivo, sino que también nos muestra lo grande que es la pista de baile, tanto como para albergar el duelo y la celebración, el rechazo y la convocatoria, la muerte y el regreso. Todo eso en un mismo momento.

La música pop tiene el poder de construir comunidad de una forma pocas veces igualada. En la pista de baile vemos su forma más pura: un espacio donde los cuerpos conviven y se sincronizan sin necesidad de palabras, donde no importan las identidades individuales sino la potencia de lo colectivo. Que dos de las artistas más importantes del género debatan sobre su pasado, presente y futuro no es algo menor; más bien nos demuestra que sigue siendo un territorio en disputa, uno que es importante defender y a veces también cuestionar para que conserve su esencia original. Acciones que no necesariamente requieren de superestrellas, sino también de los propios miembros de esas comunidades. Madonna, en “Danceteria”, ya nos da una posible solución: “everybody get up and dance”. 


Tomas es editor egresado de la FUC y actual estudiante de Ciencias de la Comunicación. Fanático del pop y su cultura, siempre se encuentra descubriendo música nueva y haciendo contenido en @soytotomontalvo.

 

(D)
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