CONFESSIONS II: EL TRIUNFO CONTRARRELOJ
por Félix Kepel
El nuevo disco de Madonna es el comeback que los fanáticos ansiaron durante años, exhibiendo la excelencia pop de una artista que pareciera nunca agotar sus reservas de creatividad y vanguardia. En su trabajo más introspectivo, repasamos qué significado le otorga a la pista de baile tras haberla habitado durante más de cuarenta años.
Por Félix Kepel
7 de agosto, 2026
7 minutos de lectura
Confessions II (2026) es el primer disco de estudio de Madonna en siete años, y llegó veintiún años después de su predecesor, Confessions on a Dance Floor (2005), uno de los trabajos más consagrados de la época que, como tantas otras de sus eras y apuestas musicales, posicionó a la artista en el más alto nivel de ídola pop. Tras American Life (2003) –un poco exitoso disco político y experimental que polarizó a diversos oyentes respecto al lugar de la diva en el sonido de la nueva década–, COADF (2005) llegó para revitalizar las pistas de baile en todo el mundo con melodías pegadizas, sintetizadores deslumbrantes y una gira mundial que evidenció un nuevo auge en la carrera de la artista. La búsqueda de 2005 era clara, y dos décadas después Madonna la reivindica: “En la pista de baile / Me siento tan libre”, anuncia al comienzo del nuevo disco. Con dieciséis canciones inéditas que retoman “el mundo de la música dance inspiradora” (Madonna, 2026), la Reina del Pop crea una obra que vale la pena pensar por sí sola y revela un momento bisagra en su incomparable trayectoria.
El primer recorte del proyecto que las radios y los fanáticos escuchamos, “I Feel So Free”, es el que abre el disco, una síntesis perfecta de la emoción burbujeante de una canción dance que se despierta con cada estrofa, iniciando con sutiles sintetizadores contra una voz casi susurrante y que deviene en una explosión de beats electrónicos y su voz que suena en los ecos amplificados de un canto divino. Un ritual que comienza, un espacio que se abre, un sentimiento que aflora: Madonna inaugura la travesía por una pista de baile que la sostiene y la libera, y la sensación se reproduce virtualmente hacia la segunda canción, “Good For The Soul”, en una transición inadvertida que caracterizará a toda la reproducción del disco. Cabe destacar que el productor, Stuart Price, es el mismo que trabajó conjunto a la cantante en la precuela veinte años atrás, y homologaron el estilo de COADF (2005) donde, pensado como un DJ set, las canciones no se desarrollan a partir de un comienzo y un fin precisos, sino que habitan el contexto dilatado de la pista de baile, donde los tracks se disuelven en mezclas ingeniosas y el tiempo parece detenerse. Pero como el característico reloj de “Hung Up”, la primera canción de COADF (2005), más o menos rápido, dentro o fuera de la fiesta, el tiempo corre.
El disco continúa con “One Step Away”, personalmente mi favorita del proyecto; Madonna y Price logran una exquisita textura de violines y teclados sobre “el mejor bajo del mundo”, según las palabras de la artista. A diferencia de discos anteriores e incluso de otras canciones en Confessions II, la voz de Madonna suena nítida y llega sin ningún efecto metálico a las notas más agudas, lo que hace de esta canción su mejor despliegue vocal en años. En cuanto a la letra, la canción explora el trauma, uno de los mayores temas del disco, y su intrínseca relación con la liberación personal y el disfrute; en una pista de baile donde el movimiento reemplaza al lenguaje, la artista narra la posibilidad de alcanzar una danza eterna, la libertad que palpita entre los beats de los parlantes, el paso que queda por dar para ascender. Las primeras tres canciones del disco, entonces, introducen el universo que Madonna presenta desde una pista de baile consciente de su propia existencia: se sabe capaz de liberar, de sanar y de resguardar; presupone un mundo corrompido de individuos atormentados que sólo encuentran la válvula de escape al bajar las escaleras de un antro y entregarse al “templo del sudor y la rendición” (Madonna en “Love Without Words”).
La siguiente canción, “Bring Your Love”, sirvió como el single oficial de la era, debutada en el escenario principal de Coachella frente a millones de espectadores durante el set de Sabrina Carpenter, quien se sumó al proyecto en una flamante colaboración. Con un coro pegadizo y sencillo de repetir, las estrellas pop reflexionan sobre las críticas recibidas respecto a sus imágenes públicas, dejando en claro que aquello que las moviliza a seguir produciendo arte no es alcanzar hits y altas reproducciones en plataformas de streaming, sino que es el amor. No me parece casualidad que este track evolucione hacia aquél que explica cómo todo comenzó, proporcionando un pantallazo del entorno que gestó la ambición de Madonna de hacer su nombre conocido. Cuando a fines de la década de 1970 la joven de diecinueve años llegó a Manhattan para perseguir su sueño de bailar profesionalmente, empezó a concurrir a diversos puntos de interacción con otros artistas en clubes nocturnos que maximizaban la expresión estética, la música de vanguardia y los íconos emergentes. La quinta canción del disco revela un momento fundamental de Confessions II, es decir, la pista de baile originaria: un lugar llamado Danceteria. La canción, cuyo título toma el nombre de dicha meca de la escena under de Nueva York, es sin dudas el hit más bailable del proyecto, con elementos de electroclash, house y dancepop, y un estribillo que literalmente te empuja a la pista: “Que todo el mundo se levante y baile”, y estalla un drop de synths.
No es un detalle menor resaltar que antes que Confessions II fuera un concepto, Madonna había comenzado a escribir el guión para una película de su vida; el proyecto no avanzó por diferencias presupuestarias con los productores, pero el viaje al pasado reavivó memorias que fueron volcadas en esta canción. Similar al homenaje a las leyendas de la época dorada de Hollywood en Vogue (1990), en los versos de “Danceteria” ella se encarga de mencionar a varios de los personajes que poblaban las estrafalarias pistas de la disco: su mejor amigo Martin Burgoyne, el artista Keith Haring, la banda B-52s y el productor Mark Kamins, encargado de incluir en sus DJ–sets los primeros demos de la cantante incluso antes de que firmara un contrato discográfico. La importancia de “Danceteria” radica en la necesidad de ubicar a la pista de baile en un acontecimiento histórico: un determinado caudal de personas en un lugar establecido despertaron en ella una euforia que se esfuerza en transmitir durante todo el disco: “[Martin Burgoyne] Me hizo pasar [a Danceteria] y toda mi vida cambió” (Madonna, 2026).
Adelantándome un par de canciones, quisiera profundizar el asunto del trauma, nada menos que el punto de partida de Madonna para crear su decimoquinto disco de estudio. En la nota realizada a la revista Interview, la artista reveló que se encontraba en un momento muy oscuro al contactarse con Price para comenzar a trabajar en un nuevo proyecto: su madrastra y hermano menor, con quienes había mantenido ásperas relaciones a lo largo de los años, habían fallecido con tres semanas de diferencia, y además, había duelado a otro de sus hermanos tan sólo un año antes. Como si fuera poco, la mismísima diva tuvo una experiencia que casi la despide de este mundo, cuando en junio de 2023 sufrió una infección bacteriana tan severa que le produjo sepsis y un coma inducido por tres días: “Parecía el guión de mi película. Empieza con muerte y termina con muerte, pero está toda esta vida en el medio” (Madonna, 2026).
Confessions II se funda sobre la idea de la mortalidad, lo finito y lo eterno, y viniendo de una artista de sesenta y siete años que desde hace varias décadas combate discursos deslegitimizadores por su edad, aceptar la muerte e integrarla a su trabajo enseña un costado más vulnerable y humano que, en su característica ética de exigentes ensayos hasta la perfección, el público no está
acostumbrado a ver.
Canciones como “Fragile” y “Betrayal”, con tonos más o menos intransigentes, son una catarsis de sus complejos vínculos familiares que representan el proceso de Madonna de sanar fantasmas familiares, sólo exorcizados con la venida de la muerte. Si bien “Fragile” advierte que, como las canciones que emulan la experiencia de la pista intemporal, la vida no tiene un principio y un fin porque prospera una energía inmortal, en la última canción del disco aquello pareciera refutarse. “L.E.S. Girl” es una balada acústica donde la arista rememora los días en Manhattan de los 80’s; cuando “Danceteria” ofrece la imagen de una mujer indomable que se adueña de la noche neoyorquina, la imaginería concreta de “L.E.S. Girl” representa la otra cara de la moneda: una joven Madonna más cándida e inocente; una que entona una serenata para un muchacho que se quedó atrás en la sencillez de una ciudad anónima.
A pesar de haber marcado un antes y un después en la historia de la música, la Reina del Pop cierra Confessions II diciendo “Todo se desvanece”. El simbolismo que acompaña la reproducción del disco culmina con la idea que más lo determina, aquella de la existencia finita y la muerte: una melancolía que ella abraza como parte de su historia. En Confessions II Madonna retoma la pista de baile, pero no desde la necesidad de reclamar su lugar en la cima de los rankings de música dance, sino para expresar la lealtad que ella supo mantener con el espacio. Retomando a “Hung Up”, veinte años después la artista induce que, después de todo, el tiempo ya no pasa tan despacio, porque cuando la muerte acecha parece que el mundo real queda en un plano muy lejano. El triunfo de la cantante en Confessions II es poder revelarse a través de la fantasía de una pista de baile, y así, la eminencia del pop deja un legado arraigado a la utopía del disfrute.
Como fanáticos o meros oyentes, confiamos en la propuesta de la atmósfera fiestera porque conocemos sus matices, comprendemos la semántica de la noche y, para coronar, observamos a una leyenda viva que tras más de cuatro décadas de producir música continúa prosperando en la naturaleza de los parlantes, luces y sintetizadores. La infalible contemporaneidad de Madonna prevalece al apelar a nuevas generaciones con un disco novedoso y a la vez tan familiar, cuando expone que lo vital para su bienestar es justamente lo que más resuena en jóvenes que desconocen su trayectoria. A la vez, para los oyentes de siempre, Confessions II es una invitación a explorar a una artista que creían tener codificada: una mirada al interior del alma que retumba desde las paredes de un antro. En su versión más honesta, Madonna anuncia que todo lo conocido se extingue, así que en el intervalo de la vida mejor despojarse de la muerte y sumergirse en una pista liminal.
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