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36 AÑOS DE LA PROVINCIA GRANDE: LA PROVINCIALIZACIÓN FUEGUINA COMO PROYECTO ESTRATÉGICO DE SOBERANÍA 

por Agustina Ascar

En este nuevo aniversario de la provincialización de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, reivindicamos la importancia de vincular el desarrollo territorial con las causas nacionales que enarbolamos.


Por Agustina Ascar
26 de abril, 2026

En la madrugada del 26 de abril de 1990 (como si no fuera ya un mes suficientemente fueguino), se sancionó la Ley Nacional N.º 23.775 de Provincialización de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. Así se instituyó el proyecto de una Provincia Grande, frente a la mezquindad de quienes preferían una provincia chica, más administrable y pragmática… ¿para quién?  

No fue menor la disputa entre quienes impulsaban una provincia grande y quienes pretendían una provincia reducida, recortada al espacio insular inmediato y despojada de su proyección marítima, antártica y atlántica. La Provincia Grande no era un capricho cartográfico: era la expresión jurídica de una visión estratégica. Incorporar en su denominación y jurisdicción a la Antártida e Islas del Atlántico Sur significó afirmar que Tierra del Fuego no termina en la costa, sino que se proyecta hacia los mares australes, hacia Malvinas y hacia el continente blanco. La provincia chica era cómoda para burócratas; la provincia grande era necesaria para estadistas.

Se creó, conforme a lo establecido por la Constitución Nacional, la provincia número 23 y última provincia de la República Argentina. La provincialización de Tierra del Fuego AIAS representa un hito no solo para la provincia —que posee larga data de antecedentes de desarrollo— sino también para la consolidación de la integridad territorial de nuestro país. Quedó asentado, una vez más, el proyecto nacional de una Argentina bicontinental y una postura firme frente a los invasores colonialistas.

Hoy, la provincia más austral cumple 36 años; la más joven. Tomando real noción de ese dato, uno puede preguntarse: ¿qué espera haber logrado uno en la vida a los 36 años? Los indicadores del éxito personal pueden variar en medida proporcional al inmenso número de personas que habitan el planeta. Ahora bien, ¿qué son 36 años para una provincia?  

Son pocos años, más aún si la comparamos con otras como Santa Fe o Buenos Aires. Sin embargo, los datos nos dicen que desde 1990 la población fueguina creció un 170 %: de 69.000 habitantes a aproximadamente 200.000 en la actualidad. A su vez, la bandera fueguina recorre de punta a punta el país en formato de etiqueta, portada en celulares, televisores, aires acondicionados e incluso en los respiradores de producción nacional que salvaron la falta de abastecimiento importado en época de pandemia.

La Ley 19.640, que crea el subrégimen de promoción industrial, es previa a la provincialización fueguina. Sancionada en 1972, fue pensada como una herramienta estratégica, no solo económica sino fundamentalmente geopolítica. Por un lado, se trata de un instrumento que busca contrarrestar las diferencias estructurales que tiene la Argentina insular con la continental —como las dificultades logísticas y climáticas— para facilitar la inserción de la provincia al resto del país. Esa es una cara de la moneda y, como tal, pensarla aisladamente implica caer en un ingenuo reduccionismo. 

El desconocimiento en algunos casos, y la falta de respeto a la patria en otros, hacen resonar esta idea de una “isla de la fantasía” con oportunidades económicas y un mero trato preferencial. Esos discursos poco reparan en el hecho de que estamos hablando de la isla de Tierra del Fuego: el último bastión continental de nuestro país, con la ciudad más cercana a Malvinas a escasos 592,89 km, la daga que apunta a la Antártida. 

Poblarla, habitarla, incentivar su desarrollo con todos los medios posibles no era una opción. Era sentido común. La Ley Torres reafirma jurídicamente el carácter irrenunciable de la soberanía argentina en el Atlántico Sur. Es nuestra. Son nuestras.

Nadie ama a su patria porque sea grande, sino porque es suya, postula el filósofo Séneca. Y justamente por ser nuestra, Tierra del Fuego no puede pensarse como margen, costo o periferia, sino como centro estratégico del porvenir argentino.

Mientras tiramos la moneda al aire, librando a “la mano invisible del mercado” nuestro destino, nos olvidamos de que los trucos de magia se basan en la distracción. ¿Nos da lo mismo si cae cara o cruz, patria o colonia? Quizás hoy sea una buena oportunidad para observar bien, antes de que en medio vuelo un águila o un pirata nos robe incluso la moneda. 


Agustina Ascar es Licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires, militante peronista y fsoquer de corazon. Como buena fueguina, enarbola la cuestión Malvinas y la defensa de la soberanía nacional. Rock y el viento riograndense son las cosas que mueven a esta pingüina.


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