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¿CÓMO CREER QUE LOS GENOCIDAS PUDIERAN HACER PATRIA?

por Tomás Ordoñez

2 de abril - Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas


Por Tomás Ordoñez
2 de abril, 2026

Le digo a mi hermano que tengo que escribir sobre Malvinas. Me cuenta que están tratando la cuestión en el colegio: en lugar de la clase de biología, proyectaron un documental de Canal Encuentro sobre la guerra y la negligencia del gobierno militar. Lo escucho atentamente, habla con un dejo de tristeza. Le impacta la cercanía con los soldados. Tenían casi su misma edad.

Mientras lo escucho, vuelve una frase de Graciela Montes: “Algunas personas piensan que de las cosas malas y tristes es mejor olvidarse. Otras creemos que recordar es bueno; que las cosas malas y tristes no vuelven a suceder precisamente por eso: porque nos acordamos de ellas”. 

Recordar, también, es volver sobre esos días.

Jóvenes soldados argentinos rumbo a la Guerra de las Malvinas: entre la euforia inicial y la tragedia que vendría.

El 30 de marzo de 1982, el ritmo cotidiano de Plaza de Mayo – hasta entonces marcado por el ir y venir de empleados y transeúntes – se vio subvertido. Ese día, el movimiento obrero había ocupado la plaza bajo la consigna “Paz, pan y Trabajo”, pues en la Argentina de aquel entonces no había ninguna de aquellas tres. Las calles desbordaban de trabajadores en una jornada que se consagraría como la primera huelga nacional contra la dictadura militar. Pero el 2 de abril, la cólera y la ira parecían ya domadas. En su lugar, una descarada efusividad y un contagioso entusiasmo eran encarnados por una multitud dispuesta frente a Casa Rosada. 

El mensaje fue claro y se transmitió a martillazos por todas las emisoras que integraban la cadena nacional de radio y televisión del país: “La Junta Militar, como órgano supremo del Estado, comunica al pueblo de la Nación Argentina que hoy a las 7:00hs, la República, por medio de sus Fuerzas Armadas, mediante la concreción exitosa de una operación conjunta, ha recuperado las islas Malvinas y Sandwich del Sur para el patrimonio nacional”.

La euforia colectiva era toda una novedad para la época. Días atrás parecía imposible que el pueblo argentino saliera a las calles desbordado de triunfalismo, y ni en las proyecciones más optimistas de los militares se imaginaban que, hermanada, una multitud vitorearía el nombre de quien, apenas unos meses antes, había asumido al mando de la Junta.

Pero la euforia y el ardiente júbilo colectivo no tardaron en dar paso a la tristeza y la desazón. El 11 de junio, Clarín titulaba “El papa en la Argentina” y “Conmoción en Londres por las elevadas pérdidas en Malvinas”. Pero cuatro días después el “gran diario argentino” disponía en su portada, en letras mayúsculas “CESARON LOS COMBATES EN LAS MALVINAS” y ”NEGOCIAN EL RETIRO DE LAS TROPAS ARGENTINAS”.

El dictador Galtieri frente a la Plaza de Mayo afirmando: “Si quieren venir, que vengan; les presentaremos batalla".

La Guerra de las Malvinas enfrentó a las Fuerzas Armadas argentinas y a las británicas durante 74 días. El conflicto dejó un saldo de 649 soldados argentinos y 255 soldados británicos fallecidos. Casi la mitad de los combatientes argentinos enviados a las islas eran jóvenes conscriptos, que cumplian con el entonces obligatorio servicio militar y tenían entre 18 y 20 años de edad. De forma súbita fueron arrojados en un escenario de guerra real, con condiciones climáticas casi antárticas y escasez de alimentos. A diferencia de ellos, las tropas británicas estaban formadas por militares de carrera, con amplia experiencia y respaldados por una institución con siglos de acervo acumulado. 

En el continente, el flujo de información que llegaba desde las islas era escaso, pero el pueblo argentino siempre buscó acompañar y apoyar a quienes estaban en territorio insular. En señal de apoyo a los soldados argentinos, se enviaron cartas, abrigos, licores, viandas y comida enlatada. Al respecto, mi abuela me comenta: “Es algo muy triste. Desde acá les mandábamos cigarrillos, pero se ve que nunca les llegaban. Hacíamos tortas, les mandábamos golosinas, tejíamos y llevábamos todo a las iglesias. Pero creo que muy pocas cosas les llegaban. Pobres soldados, los tenían muertos de hambre”. 

Tras la rendición, los sobrevivientes argentinos debieron entregar las armas y, debido a la desorganización de las cúpulas militares, los ingleses se encargaron del regreso de las tropas al continente. Una vez en las costas patagónicas, las autoridades argentinas pretendieron ocultar las condiciones físicas y psicológicas en las que regresaban los soldados. Se prohibió todo tipo de contacto entre los soldados y la ciudadanía y se sustrajo todo material fotográfico del final de la guerra como del arribo al continente. Además, en muchos casos, los excombatientes permanecieron confinados durante horas, días e incluso semanas en dependencias militares, sin posibilidad de comunicarse ni reencontrarse con sus familias. Durante ese período, fueron alimentados para recuperar peso y recibieron atención médica; para muchos la primera desde su traslado a las islas.

En el transcurso de aquellos días, miles de familias esperaban con desesperación algún gesto de la Junta: al menos una señal de vida, una noticia sobre sus hijos. Pero muchos no regresaron y sus cuerpos se quedaron en las islas. Sus familias, aún esperanzadas y ante la ausencia de una notificación oficial, al momento del retorno de los soldados, sostenían la vigilia por los cuarteles en busca de sus hijos.

Mabel Godoy, madre de uno de los soldados fallecidos, le cuenta a la escritora Leila Guerreiro: “En todos lados nos decían: “No tenemos novedades, vaya para tal lugar”. Pasaron meses y me decían que no perdiera las esperanzas, que había chicos prisioneros en Malvinas, que a algunos los llevaron a Inglaterra”. Pero Victor Rodriguez, el hijo de Mabel, había muerto el 10 de junio en Monte Longdon.

Victor Rodriguez

La victoria británica no hizo más que acelerar la caída de la dictadura cívico-militar, al tiempo que allanó el camino a la reelección de Margaret Thatcher en 1983. El descrédito generalizado en que se subsumieron las Fuerzas Armadas, tras ocho años de gobierno, se vio agravado por haber sido derrotadas en sus propios términos - en el plano estrictamente militar -. El colapso del régimen abrió paso a una transición democrática que culminó con el retorno del orden constitucional a fines de ese mismo año.

Malvinas dejó al descubierto no solo una derrota militar, sino una fractura más profunda: la distancia entre quienes hablaban en nombre de la Patria y aquellos que la encarnaban sin voz. En ese contraste, la escucha de esos sujetos silenciados se vuelve, hoy más que nunca, una condición necesaria para trazar un horizonte de memoria, verdad, justicia y soberanía.

Cementerio de Darwin, en las Islas Malvinas, donde descansan los caídos argentinos de la
Guerra de las Malvinas.

Tomas es Politólogo (UBA). Le interesa la teoría política, los estudios sobre la opinión pública y la literatura. Trabaja de docente y cuando puede, lee.


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